Defiende tu Fe Católica

Siete Mitos Religiosos


Por Alejo Fernández Pérez
Revista ARBIL

Los mitos florecen en todo tiempo. Se expanden y contagian como la peste, son difíciles de anular y raramente se para nadie a pensar si no son más que mentiras interesadas. Una vez que se han repetido mil veces, todos, hasta ciertos católicos, se consideran obligados a creer en ellos, elevándolos a categoría de dogmas.

Mi religión es la católica, y desde esa posición y de la del sentido común intentaremos aclarar algunos conceptos, de la forma más sencilla; y repetiremos mil veces los mismos argumentos contra vulgaridades mil veces repetidas.

Mito 1: El cristianismo no es mejor que cualquier otra fe, creencia o filosofía. Todas las religiones llevan al hombre hacia Dios.

Da la casualidad de que las tres principales religiones: cristianismo, judaísmo e islam, adoran al mismo Dios: al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Para otros dioses, cuando uno muere, se muere y se acabó; no hay esperanza, ni premio ni castigo. Pero si hay un solo Dios no puede haber más que una religión, una verdad. Jesús dijo (Mt 16,18-19): "Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré Yo mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos , y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos". Por tanto, un católico debe obediencia a su Iglesia o no es católico.
Fe, creencias y filosofía son tres cosas diferentes que no se deben mezclar. No parece convincente el que "todas las religiones conduzcan a Dios". ¿A qué Dios?

Mito 2: No necesitamos confesar nuestros pecados ante un sacerdote. Podemos acudir directamente a Dios.

En las guerras los soldados no pueden andar dándole consejos al general sobre lo que se debe o no se debe hacer, y sobre lo que nos gustaría o no. Lo mismo pasa en cualquier empresa, o actividad. Cristo dio a Pedro y a los apóstoles el poder de "atar y desatar", o sea de legislar e interpretar la Biblia. La Iglesia ha legislado que confesemos nuestros pecados ante un sacerdote. Para un católico aquí se acabó la discusión. Las palabras de Pablo confirman la acción sacerdotal: «Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: reconciliaos con Dios!» (2 Co 5, 20).
Lo de acudir directamente a Dios no es más que un pretexto cómodo.

Mito 3: Los recuerdos que a veces se tienen de nuestras vidas pasadas es una prueba de que esto de la reencarnación es cierto... y de que la visión que tienen los cristianos del Cielo y el Infierno no lo es.

Los Evangelios hablan con frecuencia del Cielo y del Infierno, y en ellos creemos millones. Para tener una certeza absoluta, matemática, de que existe la reencarnación, como piensan algunos, tendrán que esperar a morirse; pero... ¿y si en verdad hay Cielo e Infierno? Yo prefiero creer a la Iglesia y seguir sus enseñanzas antes que las del primer Juan Lanas que aparezca.

Mito 4: Interpretada correctamente, la Biblia no condena la homosexualidad.

La Iglesia no condena la homosexualidad cuando es una enfermedad como la ceguera, la sordera o una flojera mental, lo que condena es el uso desordenado de la sexualidad. Claro que, a la hora de interpretar la Biblia, uno siempre encuentra lo que busca. El Papa y los obispos han dicho que un homosexual es un hijo de Dios y hermano nuestro y que merece todo el respeto y dignidad como cualquier otra persona. Lo que la Iglesia condena en ellos es lo mismo que condena en los heterosexuales.

Mito 5: Si la Iglesia católica siguió verdaderamente a Jesús, debería vender todo el valioso arte Vaticano y las propiedades, y dar todo ese dinero a los pobres.

Cierto que hay templos católicos en todo el mundo con verdaderos tesoros. Esos tesoros fueron donados libremente por los fieles. Si nosotros hacemos regalos -a veces muy caros- a nuestras personas queridas, ¿a Dios, nuestro creador, a quien debemos amar sobre todas las cosas, no le podemos hacer ningún regalito? En Jn 12, 3-8 leemos: "María, tomando una libra de ungüento de nardo legítimo, de gran valo , ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, y la casa se llenó del olor del ungüento. Judas dijo: ¿Por qué ese ungüento no se vendió en trescientos denarios y se dio a los pobres?.Jesús contestó: 'Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mi no me tendréis siempre'". Hay que ser un poco miserable y un poco Judas para negar a Dios lo que no negamos a los hombres.
Si la Iglesia hace 500 años hubiese vendido todos sus bienes y repartido el dinero entre los pobres, ¿no habría pobres hoy? ¿Y en manos de quiénes estarían esos tesoros? Y los políticos, los artistas y los futbolistas, ¿no reúnen inmensas cantidades de tesoros de un valor incalculable? ¿Por qué no los reparten entre los pobres? Muchos de nosotros tenemos coches y casas, mientras millones de personas mueren de hambre o enfermedades ¿Por qué no repartimos, por lo menos, la mitad de lo que tenemos entre los pobres? ¿O es que sólo la Iglesia tiene que repartir sus bienes?
Además, no sólo hay dinero en la Iglesia católica, sino en templos protestantes y mezquitas, por ejemplo. ¿Por qué siempre se habla del dinero de la Iglesia católica y no del dinero de las demás religiones?

Mito 6: La verdad absoluta no existe. Lo que resulta cierto para mí, no necesariamente será cierto para otros.

Si Dios no es la verdad absoluta, eterna ¿quién lo va a ser? ¿El gobernante de turno? ¿El que le siga? Cada uno emitirá sus leyes, y seguirá cambiándolas cada vez que le convenga. Cuando se quita a Dios de su pedestal siempre es para poner al César. Y si la verdad absoluta no existe, entonces, ¿por qué damos por cierto o verdad absoulta que "la verdad absoluta no existe"? Las verdades absolutas sí existen y para nosotros son los dogmas de la Iglesia.

Mito 7: No necesitas asistir a la Iglesia, ni hacer vida comunitaria. Mientras te conduzcas como una persona buena, eso es lo que importa.

Desde el momento que ser bueno o malo depende de lo que cada uno piense, ¿qué es comportarse como una persona buena? ¿Da igual ser fiel a la esposa que liarse con la vecina de al lado? ¿Es lo mismo pagar bien a los obreros que no pagarles? ¿Es bueno que los políticos persistan en esas estafas, llamadas oposiciones, en las que sólo aprueban a los de su partido? Los asociados a un club, a un equipo de futbol, los que van a la universidad, los amigos, los familiares ¿no necesitan reunirse? ¿Basta con ser buenos?


EL OBSERVADOR 487-14


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