LOS POBRES, PRIORIDAD POLITICA
CIUDAD DEL VATICANO, 21 dic 1998 (ZENIT).- «En la búsqueda del bien común, los dirigentes tienen una responsabilidad importante, pues, a través de la estabilidad de las instituciones, el pueblo entero puede beneficiarse de los bienes primordiales». Juan Pablo II aprovechó su encuentro con el nuevo embajador de Bulgaria ante la Santa Sede, Svetlozar Dimitrov Raev, para recordar algunos de los principios fundamentales de la ética política defendidos por la Iglesia.
Los políticos y líderes sociales «están llamados a gestionar la cosa pública en un espíritu de servicio y con un sentido agudo del bien común, prestando particular atención a los que son más débiles y pobres --explicó el Papa--. El desarrollo económico al que todos aspiran y al que cada uno tiene el derecho a acceder será también un desarrollo humano, pues estará al servicio de la dignidad de toda la persona, de los derechos de la familia y del bien común».
Tras los años de marginación y represión promovidos por el régimen comunista búlgaro, explicó el pontífice al diplomático, artista de renombre internacional, «los católicos tienen el deseo de comprometerse en la vida pública y de ver cómo se les abren justas posibilidades para servir al país, junto a todos sus compatriotas».
Diálogo católico-ortodoxo
En el discurso, el Papa prestó particular
atención a las relaciones ecuménicas entre los cristianos
ortodoxos y los católicos. Alentó a los búlgaros fieles
a Roma a abrirse a sus hermanos ortodoxos, «favoreciendo un conocimiento
recíproco leal y emprendiendo conjuntamente acciones a nivel espiritual
y a nivel de ayuda mutua social».
En su opción por los pobres en Bulgaria, el Santo Padre reveló que la Iglesia católica está lanzando numerosas obras sociales y «otorga una importancia capital a la tarea de la educación».
Libertad religiosa
Entre las necesidades de los católicos
búlgaros que expuso el Papa al representante del gobierno de Sofía,
se encuentra ante todo la falta de lugares de culto o el terrible estado
de abandono en que los ha conservado el régimen comunista. La misma
catedral de San José, en la capital, símbolo de la presencia
de la Iglesia católica en el país, se encuentra en condiciones
deterioradas, denunció el obispo de Roma. «Es necesario para
los fieles poder reunirse en oración junto a sus pastores en los
lugares de culto», recordó. No sólo defendió
los derechos de los católicos, sino de
todos los miembros de las diferentes religiones
presentes en este país de mayoría ortodoxa. «Es de
desear que se haga todo lo posible para que todos los creyentes puedan
beneficiarse no sólo en teoría sino también en la
vida
práctica de la libertad de culto que
constituye uno de los aspectos significativos de los derechos del hombre».
Pena de muerte
Por último, el pontífice aplaudió
la decisión de los líderes búlgaros de suprimir la
pena de muerte en este país. «La historia reciente, que ha
visto tantas víctimas de las ideologías, nos invita en particular
a promover incansablemente el respeto de la vida humana, que tiene un carácter
sagrado, y la dignidad de toda la persona humana --explicó--. En
este espíritu, me alegro por la decisión
tomada recientemente por vuestros dirigentes de abolir la pena de muerte,
manifestando con ello que la vida de todo hombre, incluso la de un pecador
o un criminal, tiene un valor inconmensurable». Citando el Catecismo
de la Iglesia Católica, constató que «los casos de
absoluta necesidad para suprimir a un culpable son hoy por hoy prácticamente
inexistentes».
LA SANGRE DEL PLANETA Y EL ANUNCIO DEL RECIEN
NACIDO
Mensaje «Urbi et Orbi» de Juan
Pablo II del 25 de Diciembre de 1998
1. «Regem venturum Dominum, venite,
adoremus» «Venid, adoremos al Rey, al Señor que ha de
venir». Cuántas veces hemos repetido estas palabras durante
el tiempo de Adviento, haciéndonos eco de la esperanza de toda la
humanidad.
Proyectado hacia el futuro desde sus más
remotos orígenes, el hombre busca a Dios, plenitud de la vida. Desde
siempre invoca un Salvador que lo libre del mal y de la muerte, que colme
su necesidad innata de felicidad. Ya en el jardín del Edén,
después del pecado original, Dios Padre, fiel y misericordioso,
había preanunciado un Salvador (cf. Gn 3, 15), que habría
de restablecer la alianza destruida, instaurando una nueva relación
de amistad, de entendimiento y de paz.
2. Este gozoso anuncio, confiado a los
hijos de Abraham, desde la época de la salida de Egipto (cf. Ex
3, 6-8) ha resonado a lo largo de los siglos como un grito de esperanza
en boca de los profetas de Israel, que en diversos momentos han recordado
al pueblo: «Prope est Dominus: venite, adoremus». «El
Señor está cerca: ¡venid a adorarlo!» Venid a
adorar al Dios que no abandona a quienes lo buscan con sincero corazón
y se esfuerzan en observar su ley. Acoged su mensaje, que conforta los
espíritus abatidos y desorientados. «Prope est Dominus»:
fiel a la antigua promesa, Dios Padre la cumple ahora en el misterio de
la Navidad.
3. Sí, su promesa, que ha alimentado
la espera confiada de tantos creyentes se ha hecho don en Belén,
en el corazón de la Noche Santa. Nos lo ha recordado ayer la liturgia
de la Misa: «Hodie scietis quia veniet Dominus, et mane videbitis
gloriam eius». «Hoy sabréis que el Señor viene:
con el nuevo día veréis su gloria». Esta noche hemos
visto la gloria de Dios, proclamada por el canto gozoso de los ángeles;
hemos adorado al Rey, Señor del universo,
junto con los pastores que vigilaban sus rebaños.
Con los ojos de la fe, también nosotros hemos visto, recostado en
un pesebre, al Príncipe de la Paz, y junto a Él, María
y José en silenciosa adoración.
4. A la multitud de los ángeles,
a los pastores extasiados, nos unimos también nosotros hoy, cantando
con júbilo:
«Chistus natus est nobis: venite, adoremus».
«Cristo ha nacido por nosotros: venid, adorémosle» Desde
la noche de Belén hasta hoy, la Navidad continúa suscitando
himnos de alegría, que expresan la ternura de Dios sembrada en el
corazón de los hombres. En todas las lenguas del mundo se celebra
el acontecimiento más grande y más humilde:
el Emmanuel, Dios con nosotros para siempre.
¡Cuántos cantos sugestivos ha inspirado la Navidad en los pueblos y culturas! ¿Quién desconoce las emociones que evocan? Sus melodías hacen a revivir el misterio de la Noche Santa; atestiguan el encuentro entre el Evangelio y los caminos de los hombres.
Sí, la Navidad ha entrado en el corazón
de los pueblos, que miran hacia Belén con una admiración
común. También la Asamblea General de las Naciones Unidas
ha reconocido por unanimidad la pequeña población de Judá
(cf. Mt 2, 6)
como la tierra en la que la celebración
del nacimiento de Jesús ofrecerá en el 2000 una ocasión
singular para proyectos de esperanza y de paz.
5. ¿Cómo no percibir el
clamoroso contraste entre la serenidad de los cantos navideños y
los muchos problemas del nuestro momento actual? Conocemos los aspectos
preocupantes por las crónicas que aparecen cada día en la
televisión y los periódicos pasando de un hemisferio del
globo al otro: son situaciones tristísimas, a las que frecuentemente
no es ajena la culpa e incluso la malicia humana, impregnada de odio fratricida
y de violencia absurda.
La luz que viene de Belén nos salve
del peligro de resignarnos a un panorama tan desconcertante y atormentado.
Que el anuncio de la Navidad aliente a cuantos
se esfuerzan por aliviar la situación penosa del Medio Oriente
respetando los compromisos internacionales.
Que la Navidad refuerce en el mundo el consenso
sobre medidas urgentes y adecuadas para detener la producción y
el comercio de armas, para defender la vida humana, para desterrar la pena
de muerte, para liberar a los niños y adolescentes de toda forma
de explotación, para frenar la mano ensangrentada de los responsables
de genocidios y crímenes de guerra, para prestar a las cuestiones
del medio ambiente, sobre todo tras las recientes catástrofes naturales,
la atención indispensable que merecen a fin de salvaguardar la creación
y la dignidad del hombre.
6. La alegría de la Navidad,
que canta el nacimiento del Salvador, infunda a todos confianza en la fuerza
de la verdad
y de la perseverancia paciente en hacer el
bien. El mensaje divino de Belén resuena para cada uno de nosotros:
«No temáis, pues os anuncio una gran alegría,... os
ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor»
(Lc 2, 10-11).
Hoy resplandece Urbi et Orbi, en la ciudad
de Roma y en el mundo entero, el rostro de Dios; Jesús nos lo revela
como Padre que nos ama. Vosotros que buscáis
el sentido de la vida; vosotros que lleváis en el corazón
la llama
de una esperanza de salvación, de libertad
y de paz, venid a ver al Niño que ha nacido de María. Él
es Dios, nuestro Salvador, el único digno de tal nombre, el único
Señor. Ha nacido por nosotros, venid, ¡adorémosle!
LA RESPUESTA DE JUAN PABLO II A LAS LACRAS
DE AMERICA (fragmento)
Alza su voz contra «los pecados que
claman al cielo»
MEXICO, D.F., 23 enero 1999 (ZENIT).- El problema
de las diferencias entre el norte y el sur de América ha sido uno
de los temas más recurrentes que ha escuchado Juan Pablo II en sus
encuentros con obispos, sacerdotes, jefes de Estado americanos... En 1992,
cuando se había reunido el Consejo Episcopal Latinoamericano con
motivo del quinto centenario de la evangelización, el Papa propuso
una solución que pocos comprendieron: los problemas de las
Américas está en América.
Es decir, en la capacidad de sus pueblos para afrontar juntos su propio
destino.
Se trata de una idea revolucionaria. Había que encontrar un núcleo esencial fuerte capaz de unir a estos pueblos tan diferentes a nivel cultural, étnico, confesional. No tardó en hallarlo: todos los países de América hunden sus raíces culturales en la fe en Cristo, ya sean católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos, etc.. «Fruto de la evangelización, que ha acompañado los movimientos migratorios desde Europa --explica ahora en la exhortación conclusiva del Sínodo, «Iglesia en América»--, es la fisonomía religiosa americana, impregnada de los valores morales que, si bien no siempre se han vivido coherentemente y en ocasiones se han puesto en discusión, pueden considerarse en cierto modo patrimonio de todos los habitantes de América, incluso de quienes no se identifican con ellos».
La fe en Cristo ha supuesto también el secreto de la unidad dentro de la misma Iglesia. Tras los azarosos años ochenta, en los que las ideologías suscitaron divisiones en el seno del catolicismo «americano», los padres sinodales volvieron al igual que los primeros cristianos a la esencia misma del cristianismo: el encuentro con Cristo. Este es, según el documento final del Sínodo de América-- el viento regenerador llamado a renovar el continente. No es otra cosa que la «conversión» espiritual, que si es sincera, tendrá que desencadenar también una conversión social que supere las dramáticas lacras del continente...
Aborto y pena de muerte
«Hoy en América, como en otras
partes del mundo, parece perfilarse un modelo de sociedad en la que dominan
los poderosos, marginando e incluso eliminando a los débiles --explica
Juan Pablo II--. Pienso ahora en los niños no nacidos, víctimas
indefensas del aborto; en los ancianos y enfermos incurables, objeto a
veces de la eutanasia; y en tantos otros seres humanos marginados por el
consumismo y el materialismo. No puedo ignorar el recurso no necesario
a la pena de muerte cuando otros medios incruentos bastan para defender
y proteger la seguridad de las personas contra el agresor».
En este sentido, el Papa invita a la Iglesia a convertirse en la defensora de la familia pues es «el primer espacio educativo de la persona», «iglesia doméstica», el santuario «donde se vive y se transmite a las nuevas generaciones la fe cristiana como un tesoro, y donde se ora en común». Significativamente el texto concluye con una oración por las familias de América...
El documento termina como comienza. Desde la
luz de Cristo estas lacras se convierten en retos. Es por eso que Juan
Pablo II concluye con una oración intensa, preñada de ilusión
en una nueva primavera para la nueva evangelización del continente
de la esperanza
JUAN PABLO II LA PENA DE MUERTE: «CRUEL»
E «INNECESARIA»
Tras un encuentro masivo, recibe a la pionera
de los derechos civiles
SAN LUIS (EE UU), 27 enero 1999 (ZENIT).- Juan Pablo II ha vuelto a pedir la abolición de la pena de muerte. Ante más de cien mil personas, durante la Eucaristía celebrada en San Luis, el Papa definió la pena capital como «cruel» e «innecesaria».
Era el último día del viaje del obispo de Roma a América. El «Trans World Dome» se convirtió en catedral por un día. Uno de los estadios cubiertos más grandes de Estados Unidos, testigo de los encuentros de fútbol americano y las personas que lo llenaban acogieron el vibrante llamado del Santo Padre a defender la vida, a rechazar el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido y la pena capital.
«La sociedad moderna --explicó el Papa-- cuenta con los instrumentos para protegerse sin negar de manera definitiva la posibilidad de corregirse». Y añadió: «Renuevo el llamamiento lanzado en Navidad para que se decida la abolición de la pena de muerte que es cruel e innecesaria».
También hoy, el pontífice entre los aplausos de los fieles y los espléndidos cantos «Gospel», pidió escoger a favor de la «cultura de la vida». Un mensaje dirigido al Estado de Missouri, donde se ha prorrogado una ejecución prevista para hoy que habría contrastado la visita del Papa. En Estados Unidos, desde 1976 hasta hoy han muerto más de quinientas víctimas del verdugo, la última precisamente la noche anterior, en Texas.
Durante la homilía, el Papa repitió que «la nueva evangelización necesita seguidores de Cristo que defiendan la dignidad humana». «Al aproximarse el tercer milenio --añadió-- se plantea otro desafío a esta comunidad de San Luis y a todo el país: el de acabar con cualquier forma de racismo, plaga que vuestros obispos han definido como uno de los males más persistentes y destructivos».
Al concluir la ceremonia, Juan Pablo II recibió en la residencia del arzobispo de San Luis a una de las pioneras de los derechos civiles de los afroamericanos, Rosa Parks. En 1955, Parks, una trabajadora de color, se negó a ceder el asiento en un autobús segregacionista en Montgomery, Alabama. Su arresto condujo a un boicot contra los autobuses de Montgomery, lanzado por quien más tarde se convertiría en el máximo líder del movimiento de los derechos civiles, Martin Luther King,
Jr. Parks, que tiene 85 años, vive en Detroit, pero viajó a San Luis especialmente para ver al Papa y pedirle su bendición.
EL PAPA PIDE ABOLIR LA PENA DE MUERTE EN EL
MUNDO
Para las sentencias capitales no aplicadas,
exige una moratoria
CIUDAD DEL VATICANO, 12 dic 1999 (ZENIT).- Abolir la pena de muerte. En vísperas del Jubileo del año 2000, Juan Pablo II volvió a pedir esta mañana con insistencia a la comunidad internacional que encuentre una solución para detener las ejecuciones capitales en el mundo. Y para las que ya se han decidido, invocó una «moratoria».
El Santo Padre hizo este sentido llamamiento al final de su tradicional encuentro del domingo con los fieles con motivo del rezo del «Angelus». Pocas horas después, en el Coliseo de Roma, tendría lugar una manifestación popular organizada por la campaña internacional que pide la moratoria de la pena capital con motivo del año 2000.
No es la primera vez que el pontífice interviene contra la pena capital. Su discurso más fuerte tuvo lugar a inicios de este año en San Luis, en los mismos Estados Unidos. En muchas ocasiones ha pedido la gracia para los condenados a muerte a los gobiernos que todavía mantienen en vigor esta práctica.
«El gran Jubileo es una ocasión privilegiada para promover en el mundo formas cada vez más maduras de respeto de la vida y de la dignidad de cada persona --explicó el sucesor de Pedro--. Renuevo, por tanto, mi llamamiento a todos los responsables para que se llegue a un consenso internacional a favor de la abolición de la pena de muerte». En este sentido, el Papa aclaró citando la última versión del Catecismo de la Iglesia Católica que hoy por hoy «los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo, suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos».
Antes de despedirse de los peregrinos, el Papa
hizo también un llamamiento para promover la lucha contra el hambre,
«que aflige a una parte muy grande de la humanidad, de manera particular
al mundo de la infancia». En este sentido, apoyo el Congreso sobre
el hambre y los niños programado para el miércoles próximo
por iniciativa de la Televisión pública italiana (RAI) y
de la Universidad «La Sapienza» de Roma.
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PENA DE MUERTE: LA PROPUESTA DE LA SANTA SEDE A ESTADOS UNIDOS
CIUDAD DEL VATICANO, 31 enero 1999 (ZENIT).- «Darrel Mease siempre creyó que Dios le ayudaría y a mí me parece que su gracia es un de Juan Pablo II. El mismo Mease la definió como «milagrosa», y por el momento no ha decidido milagro». Con estas palabras comentó Laura Tyler, abogada del condenado a muerte de Missouri, la conmutación de la sentencia capital por la cadena perpetua de su defendido alcanzada gracias la intervención añadir nada más.
La propuesta del Papa de desterrar la pena capital como recurso ordinario de la justicia ha pillado por sorpresa a los estadounidenses. De hecho, según reconoció el presidente de la Conferencia Episcopal Estadounidense, monseñor Joseph Fiorenza, obispo de Galveston-Houston, dos de cada tres católicos en ese país se muestran favorables.
Por este motivo, en nuevas declaraciones a la televisión italiana, el secretario de Estado vaticano, el cardenal Angelo Sodano, manifestó que «es de esperar que este éxito del Papa, que ha salvado la vida del señor Mease, provoque una reflexión más general por parte de la sociedad estadounidense a propósito del uso de la pena capital». El purpurado manifestó su deseo de que el acto de clemencia del gobernador del Estado de Missouri, Mel Carnahan, «abra una perspectiva nueva al respecto en la difícil situación estadounidense».
Por su parte, el director de «Radio Vaticano», el padre Federico Lombardi manifestó el augurio de que la gracia concedida a Mease no quede como un episodio aislado. «Este hecho demuestra que la sociedad estadounidense no ha podido quedar indiferente a los llamamientos del Santo Padre». Sobre la pena de muerte, el padre Lombardi recuerda que incluso la Iglesia católica ha cambiado su propia posición. «Si bien antes permitía el recurso a la pena capital, ahora no la considera justificable en los hechos, ya que las diversas sociedades son capaces de tutelar la propia seguridad utilizando otros medios y modos».
«Este paso --sigue diciendo el padre Lombardi-- es el que la Santa Sede desearía que den los Estados Unidos. En este sentido se ha expresado el cardenal Angelo Sodano. Una sociedad madura como la norteamericana puede defenderse de un criminal sin tener que recurrir a la pena capital».
El director de la emisora pontificia concluye: «Si este caso del condenado a muerte del Missouri queda como el signo símbolo del viaje del Papa, no obstante toda la visita del Papa a México y a los Estados Unidos debe ser considerada como un éxito superior a las expectativas»
LA ONU DA UN PASO MAS HACIA LA ABOLICION DE LA PENA DE MUERTE
GINEBRA, 29 abril 1999 (ZENIT).- La Comisión de la ONU para los Derechos Humanos aprobó ayer una resolución para lograr una moratoria internacional de las ejecuciones capitales. El texto, presentado por la Unión Europea, obtuvo 30 votos afirmativos, 11 contrarios (entre los que están Japón, Bangladesh, EE.UU, China e Indonesia) y 12 abstenciones (entre otros, Cuba, Guatemala, Filipinas, República Democrática del Congo e India).
La resolución, además de pedir la supresión de la pena capital, excluye la pena de muerte para quienes tenían 18 años en el momento de cometer el delito, así como para las mujeres embarazadas y los enfermos mentales. Este documento es considerado por los expertos un buen punto de partida para la cita de otoño en Nueva York, en la que la asamblea general de las Naciones Unidas votará una resolución para la abolición total de la pena de muerte y la moratoria de las sentencias ya pronunciadas.
Este nuevo paso de la ONU coincide con la doctrina expuesta por el Papa Juan Pablo II con motivo de la preparación al Jubileo y los gestos concretos de petición de clemencia para los condenados que ha realizado, tanto en su viaje a EE.UU, como en el caso de otros países que no dudan en recurrir al cruel método del verdugo para frenar la delincuencia, a veces recuperando una práctica que ya estaba en desuso.
Entre las organizaciones que más han trabajado para recoger firmas en favor de esta resolución de la ONU están «Ninguno toque a Caín», formada por parlamentarios europeos, y la Comunidad de San Egidio. Mario Marazziti, impulsor de la campaña de San Egidio, ha expresado su satisfacción por la votación, indicando que ya han recogido medio millón de firmas y esperan llegar a Nueva York en otoño con un millón.
El objetivo ahora, indica Marazziti, es trabajar con la opinión pública norteamericana. «Junto a "Ninguno toque a Caín" --explica-- estamos colaborando con la hermana Helen Prejean (la inspiradora del filme "Dead man walking") y el movimiento "M-2000". Dentro de la campaña mundial, estamos constituyendo un frente interreligioso contra la pena de muerte al que ya se han adherido gran parte de los episcopados católicos, las principales congregaciones católicas, algunos movimientos, el primado anglicano Carey, la Alianza Metodista Mundial y los ambientes budistas y sintoistas».
AUMENTAN LAS NACIONES CONTRARIAS A LA PENA
DE MUERTE
En 1998, hubo menos ejecuciones en todo el
mundo
ROMA, 26 mayo 1999 (ZENIT).- 1998 ha sido un
año positivo para la abolición de la pena de muerte. El no
al verdugo ha registrado éxitos notables tanto en el plano jurídico
como en el político. El número de ejecuciones ha descendido
en todo el mundo. En 1997, se aplicaron 2.607 condenas capitales; mientras
que en 1998 disminuyeron a 1.625, menos de una tercera parte. El número
de países que mantienen la pena capital desciende. Actualmente hay
112 naciones abolicionistas oficiales o que aplican la moratoria, contra
73 que todavía mantienen la pena de muerte. El año pasado
eran 75.
LA ONU VOTA CONTRA LA CONDENA A MUERTE DE MENORES DE EDAD
NUEVA YORK, 26 ago 1999 (ZENIT).- La Subcomisión
de derechos humanos de las Naciones Unidas, solicitó ayerla abolición
de la pena de muerte para las personas que tengan menos de 18 años
en el momento del crimen. La propuesta fue aceptada el pasado por 14 votos
a favor, cinco en contra y cinco abstenciones. En el documento se mantuvo
un párrafo en el que se denunció a seis países (Arabia
Saudita, Estados Unidos, Irán, Nigeria, Pakistán y Yemen)
que han ejecutado a 19 delincuentes menores de edad desde 1990. La mención
se mantuvo por 12 votos a favor, 11 en contra y dos abstenciones.
Por otra parte, la subcomisión de la ONU solicitó a todos aquellos países que incluyen en su legislación la pena de muerte, que conmuten la sentencia a las personas que serían ejecutadas el 31 de diciembre de 1999 y sustituirla por cadena perpetua. También les pide que se comprometan a aplicar una moratoria a las ejecuciones durante el año 2000.
LA PENA DE MUERTE HOY DIA ESTA TOTALMENTE INJUSTIFICADA
Declaraciones del «embajador»
del Papa ante la ONU
NUEVA YORK, 3 nov 1999 (ZENIT).- La sociedad moderna tiene medios para protegerse sin negar irremediablemente a los criminales la posibilidad de redimirse. El claro juicio moral lanzado por Juan Pablo II en su última visita a San Luis (EE. UU), en febrero pasado, según el cual, «la pena de muerte es cruel e innecesaria», fue repetido por el observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas de Nueva York, el arzobispo Renato Martino, al intervenir sobre el tema de la abolición de la pena capital, en la discusión que tiene lugar en estos momentos el Palacio de Cristal con motivo del III Comité de la Asamblea General de la ONU.
Después de recordar que en varias ocasiones el pontífice ha pedido una moratoria de las ejecuciones capitales, al menos con motivo del próximo Jubileo, el arzobispo Martino denunció que con demasiada frecuencia los condenados a muerte son pobres y pertenecen a minorías étnicas, muchos de ellos son jóvenes o incluso retrasados mentales.
El «embajador» del Papa ante la ONU confirmó que no existen pruebas de la eficacia de la pena capital a la hora de prevenir los delitos más graves. De hecho, según el Vaticano, si se quiere combatir y superar efectivamente el desafío de la criminalidad, es necesario insistir en la educación moral e ir a las raíces mismas de la delincuencia. Ciertamente el castigo debe ser proporcional al crimen, pero también debe buscar la reeducación del criminal y, si es posible, su reinserción social.
«Al final de un siglo que ha experimentado atrocidades inimaginables contra la dignidad de la persona humana y contra sus derechos inviolables --dijo Martino-- tomar en seria consideración la abolición de la pena de muerte sería un importante signo de humanidad».
Ahora bien, según el representante de la Santa Sede, la eliminación de la pena capital no tiene que ser más que un paso hacia un respeto más profundo de la vida humana. Si millones de no nacidos son eliminados incluso antes de ver la luz y la familia de las naciones da por descontados estos delitos sin ningún remordimiento de conciencia, el argumento de la abolición de la pena de muerte perdería credibilidad. «La vida humana exige protección y respeto en cada momento y en todas las partes del mundo», aclaró.
«Restringir y eliminar la pena de muerte
--concluyó monseñor Martino-- exige la valentía de
decir "no" a todo tipo de asesinato y la generosidad para ofrecer a los
culpables, incluso de los más odioso crímenes, la posibilidad
de una nueva vida, fundada sobre el perdón. De este modo, se podrá
construir una humanidad mejor».
Agradecemos a ZENIT
Agencia Internacional de Noticias
por la autorización de la reimpresión
de sus informes
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