Glorifica mi alma al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo...
Hoy en la Acción Católica glorificamos al Señor y nos llenamos de gozo por la celebración del Jubileo de México en la que Juan Pablo II canoniza a 25 mártires mexicanos, entre ellos, 3 laicos de nuestra asociación: Manuel Morales, Salvador Lara Puente y David Roldán Lara.
Pero el Júbilo por su canonización no sería verdadero si se quedara solamente en la celebración. El verdadero júbilo se manifiesta en la imitación de la vida de aquéllos que el Santo Padre eleva a los altares. Podemos pedir su intercesión Y nuestros mártires seguramente escucharán nuestra oración, pero pedirán sobre todo que permanezcamos fieles a Dios, como ellos, hasta la donación total.
¿Y eso, qué significa? Significa ser testigos de la Buena Nueva como lo fueron ellos. Pero, hoy ser testigo es diferente; el dar testimonio no nos pide dar la vida físicamente, pero nos exige morir, día a día, al pecado. Y eso, en ocasiones, resulta tremendamente difícil.
Por eso la celebración del Jubileo de México, para ser auténtica nos exige morir a la ira, al odio, a la soberbia, al miedo, al conformismo, a la comodonería, a la venganza, a la deshonestidad... en una palabra me exige romper todas las cadenas que me impiden una entrega total -de mi vida toda- a Dios, mi Padre Bueno.
Romper la cadena del odio, me obliga a amar a todos: a mi nuera o suegra, al vecino chismoso, a la cuñada presumida y al abuelo latoso... Y es que amar a todos exige amar incluso a todos aquéllos que me han hecho daño.
Recordemos que nuestros mártires de Acción Católica jamás empuñaron las armas, si lo hubieran hecho, no hubieran sido canonizados. Pero, cuántas veces nosotras tomamos las armas y disparamos palabras de humillación y desprecio, o lanzamos miradas que matan, que en ocasiones son más mortíferas que las balas.
Celebrar el Jubileo de nuestros mártires exige romper las cadenas del miedo que nos ata a la no participación en la sociedad. Nos empuja a ser libres, para gritar "Viva Cristo Rey", y así lanzamos a la acción social, a la participación política, a la lucha por la democracia, por obtener mejores condiciones de vida para los más pobres, a desterrar las injusticias, a luchar en contra de la discriminación...
Y también desterrar la soberbia, ésa que nos hace creer que poseemos la verdad absoluta; que somos superiores a los demás; que nuestras ideas son las que valen; que nuestras opiniones se deben imponer; que sólo nuestra forma de hacer las cosas es la buena; que nuestro grupo es el mejor, etc., etc.
Hoy, los invitamos a celebrar el Jubileo de México, a entonar cantos de gratitud y alabanza por la canonización de nuestros mártires, pero la mejor alabanza y el mejor canto será el testimonio que demos día a día, con la entrega de nuestra propia vida a Dios, a través del amor a nuestros hermanos y hermanas.
Todos podemos llegar a la santidad a través
del amor a nuestros hermanos.
(haciendo click en las imágenes, podrán apreciarlas en un tamaño mayor)
Algunos comentarios extra
de dos agencias
de noticias católicas
internacionales
MEXICO CUENTA CON 27 NUEVOS SANTOS
Ciudad del Vaticano, MAY 22 2000 (AICA): En una ceremonia realizada en la Plaza de San Pedro, Juan Pablo II canonizó ayer a los beatos Cristóbal Magallanes (1869-1927), presbítero, y 24 compañeros (1915-1937), presbíteros y laicos, mártires; José María de Yermo y Parres (1851-1904), presbítero, fundador de la Congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, y María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre (1868-1959), virgen, fundadora de la Congregación de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús.
El Papa afirmó que los nuevos santos "entregaron su vida a Dios y a los hermanos, por la vía del martirio o por el camino de la ofrenda generosa al servicio de los necesitados".
San Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros mártires, todos ellos sacerdotes, excepto tres laicos, "no abandonaron el valiente ejercicio de su ministerio cuando la persecución religiosa arreció en la amada tierra mexicana, desatando un odio a la religión católica. Todos aceptaron libre y serenamente el martirio como testimonio de su fe, perdonando explícitamente a sus perseguidores. Fieles a Dios y a la fe católica tan arraigada en sus comunidades eclesiales a las cuales sirvieron promoviendo también su bienestar material, son hoy ejemplo para toda la Iglesia y para la sociedad mexicana en particular".
Juan Pablo II subrayó que San José María de Yermo y Parres, "vivió su entrega sacerdotal a Cristo adhiriéndose a El con todas sus fuerzas". Y pidió a sus hijas, que vivieran "con generosidad la rica herencia del fundador, empezando por la comunión fraterna en comunidad y prolongándola después en el amor misericordioso al hermano, con humildad, sencillez y eficacia, y por encima de todo, en perfecta unión con Dios".
Hablando de Santa María de Jesús Sacramentado Venegas, la primera mexicana canonizada, dijo que "su espiritualidad se caracterizó por una singular piedad eucarística. Quiso prolongar su obra con la fundación de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, que siguen hoy en la Iglesia su carisma de la caridad con los pobres y enfermos".
Terminada la misa y antes de rezar el Regina Coeli, el Papa pidió a los peregrinos presentes que la intercesión de los 27 santos "haga que México siga siendo siempre fiel y en su suelo se multipliquen cristianos de la talla de los santos canonizados y de otros grandes hijos de la Iglesia en esa tierra".
Los 27 nuevos santos mexicanos "anuncian con elocuente testimonio la fuerza transformadora del amor a Dios y al prójimo, esencia de la vida cristiana", dijo Juan Pablo II. Ellos -continuó- "nos animan a vivir con renovada fidelidad nuestra condición de hijos suyos llamados a dar testimonio de la fe, a mantener viva la esperanza y a practicar la caridad en todos los momentos de la vida". Luego puso de relieve que el pueblo mexicano "se ha distinguido siempre por su gran amor a Dios, a la Virgen, a la Iglesia y al Papa, con un fuerte arraigo de la fe católica, la cual, a pesar de los avatares de la historia, forma parte integrante y fundamental del alma de su Nación".
"Vuelvan
a México -dijo al final a los presentes- con el compromiso de renovar
su fidelidad a Dios y a la Iglesia, de dar siempre y en todas partes un
testimonio valiente de vida cristiana, de colaborar en la nueva evangelización
para que Cristo sea conocido y amado por todos los mexicanos. Defiendan
también la causa de la vida, de la familia, de los pobres y necesitados".
VATICANO: LOS NUEVOS MARTIRES INVITAN A SER AUDACES Y A FOMENTAR LA UNIDAD
Ciudad del Vaticano, MAY 24 2000 (AICA): Son al menos 12.000 los mártires del siglo XX documentados por una investigación encargada por Juan Pablo II, que demandó cinco años de trabajo y de la que emerge "una invitación a la unidad y a vivir con audacia las virtudes cristianas". Así lo afirmó el padre Marco Gnavi, secretario de la Comisión "Nuevos Mártires" que, desde 1995, recoge y cataloga estos testimonios. El organismo, que depende del Comité Vaticano para el Jubileo del 2000, está presidida por monseñor Michel Hrynchyshyn, exarca de los Ucranianos de rito bizantino en Francia.
MEXICO CELEBRA EL DOMINGO SU JUBILEO EN ROMA CON 27 NUEVOS SANTOS
CIUDAD DEL VATICANO, 19 mayo 2000 (ZENIT.org).- El próximo domingo México vivirá una fiesta sin precedentes en toda la historia. En Roma, junto en torno al Papa, celebrará su propio Jubileo. Con este motivo, serán canonizados 27 nuevos santos mexicanos: 25 mártires de la persecución religiosa, así como un sacerdote diocesano y una religiosa.
El sacerdote Cristóbal Magallanes (1869-1927) es el primero de un grupo de 24 mártires, sacerdotes y laicos, que derramaron la sangre por Cristo en México entre 1915 y 1937. El origen de aquellos acontecimientos se remonta al conflicto que enfrentó al Estado y la Iglesia desde el estallido de la revolución mexicana de 1910 y que se materializó en la promulgación de la Constitución mexicana de 1917, considerada por muchos expertos como más anticlerical que la vigente en la antigua Unión Soviética. La Iglesia expresó su oposición a la nueva Carta Magna provocando una fuerte reacción por parte del gobierno, especialmente en tiempos del presidente Plutarco Elías Calles, quien el 14 de junio de 1926 firmó la ley que ordenaba limitar las actividades educativas de la Iglesia, obligaba a los estados a abrir un registro de los religiosos y, por último, reducía los aspectos más visibles del culto.
Muchos cristianos mexicanos no aceptaron estas privaciones y decidieron, sin la intervención directa del clero, defender la propia libertad religiosa con las armas. Estos grupos, algunos de ellos militantes del Movimiento Cristero, recibieron el apoyo de muy pocos sacerdotes, es más, el clero en su mayoría era favorable a la resistencia no violenta. Los santos que serán canonizados el próximo domingo se abstuvieron totalmente de toda lucha armada, se entregaron al servicio de la gente. Fueron asesinados por su fe y por lo que con ella representaban.
Durante los años de la persecución de la Iglesia dieron su vida por la fe católica cientos de sacerdotes y laicos, 27 de ellos ya han sido beatificados. El primero en ser elevado a la gloria de los altares fue el jesuita Miguel Agustín Pro, beatificado el 25 de septiembre de 1988. Le siguieron otros 25 mártires en noviembre de 1992: 22 sacerdotes y tres jóvenes laicos. Más tarde también fue beatificado el padre Elias Del Socorro Nieves Castillo, sacerdote agustino. Todos fueron asesinados de manera bárbara por las autoridades federales, que de este modo querían atemorizar a los fieles. De estos 27 beatos mártires, Juan Pablo II canonizará 25 el domingo próximo: la causa de los otros dos debería terminar en un futuro próximo.
De hecho, los 25 santos del domingo forman parte de una única causa de canonización común, relativa a la arquidiócesis de Guadalajara, mientras que las causas de Miguel Agustín Pro y de Elías Del Socorro Nieves Castillo son de la arquidiócesis de Ciudad de México y de Morelia respectivamente.
Como se decía al inicio, junto a los veinticinco mártires, serán canonizados también un sacerdote y una religiosa. El padre José María De Yermo y Parres (1851-1904), fundador de la Congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, también vivió su formación religiosa en tiempos de las persecuciones del gobierno de Juárez. A causa de su frágil salud, a los 28 años, dejó la Congregación de la Misión para pasar a ser sacerdote diocesano de León. Un día, en agosto de 1885, caminando por la carretera que tenía que recorrer para llegar a su iglesia quedó sobrecogido por una trágica escena: unos cerdos se comían el cuerpo de dos recién nacidos que sin duda habían sido abandonados por su madre. La miseria humana suscitó en él el deseo de atender a los pobres y abandonados. Por este motivo, en 1885, comenzó el Instituto de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres. Murió a los 52 años, tras padecer sufrimientos e incomprensiones, dejando a la Iglesia en herencia la estupenda labor de sus hijas espirituales.
María de Jesús Sacramentado Venegas (1868-1959), la otra nueva santa, desde muy joven se dedicó a la alfabetización de niños pobres. En esa atmósfera nació su vocación a consagrarse a Dios en las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, que dirigían en el hospital que trabajó como enfermera. Llegó a ser superiora general de esta familia religiosa, destacándose por su extraordinaria generosidad hacia los más necesitados: enfermos, ancianos y pobres. Murió a los 91 años.
En estos momentos están llegando a Roma miles de mexicanos para participar el domingo en la canonización de estos veintisiete nuevos santos y celebrar en este clima de fiesta el Jubileo de México. En la tarde del lunes, 22 de mayo, se volverán a dar cita en la Basílica de Santa María de los Ángeles de la ciudad de Asís, donde a las 18.00 hrs. participarán en la primera misa celebrada en honor de los nuevos santos. A continuación animarán una típica fiesta mexicana en el plaza que se encuentra junto a la Basílica de la ciudad de san Francisco.
EL ANTICLERICALISMO NO HA TERMINADO EN MEXICO, PERO LA SITUACION CAMBIA
CIUDAD DEL VATICANO, 21 mayo 2000 (ZENIT.org).- La canonización de los mártires mexicanos, que proclamó hoy Juan Pablo II, constituye la punta del iceberg de uno de los fenómenos más característicos (y difíciles de entender desde fuera) de la historia de México en este siglo: la fe en el segundo país católico del mundo (numéricamente hablando) hasta hace muy poco tiempo era reprimida de la vida pública. Durante prácticamente un siglo el derecho a la libertad religiosa y de culto sancionado por la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha vivido en estado de libertad condicionada. Para comprender mejor este fenómeno, «Zenit» ha entrevistado a uno de los teólogos latinoamericanos de mayor prestigio en estos momentos, Javier García, catedrático del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum», quien ofreció una contribución decisiva como perito y después como cronista del primer Sínodo de obispos de América de la historia (noviembre-diciembre de 1997).
--¿Cómo se explica esta situación en el país de las apariciones de la Virgen de Guadalupe?
--La persecución religiosa que tuvo lugar en México de 1926 a 1929 refleja de manera paradójica la historia del país. A pesar de ser una nación profundamente católica, México ha sido gobernado por una élite cuya filosofía tenía un fondo laicista, positivista, materialista y fundamentalmente hostil a la Iglesia católica.
--Quizá, el exponente más claro de estas corrientes culturales es Plutarco Elías Calles, quien desencadenó la represión en la que murieron muchos de los mártires que ahora han sido proclamados santos por Juan Pablo II...
--En 1926, cuando el general Plutarco Elías Calles hizo la reforma del Código penal con el objetivo de marginar a la Iglesia católica, el 99 por ciento de la población se declaraba católica. Se trataba de una acción dirigida por un grupo absolutamente minoritario que había tomado el control del gobierno y que era radicalmente anticlerical. Una minoría radical e intolerante que consideraba la Iglesia como el enemigo que había que combatir y que veía al Papado como una institución hostil. Calles desencadenó una oleada de violencia para desarraigar no sólo las instituciones eclesiásticas, sino sobre todo la cultura católica. Fue una auténtica oleada de ateísmo contra la Iglesia.
--Esa corriente cultural, atacaba a la Iglesia pues la veía como «un poder» heredero de la conquista española...
--Quizá querían desarraigarla por este motivo. Pero no tuvieron en cuenta al pueblo, en el que la cultura católica estaba profundamente arraigada. La fe católica ha sobrevivido, la gente se ha sentido más unida aún en torno a sus sacerdotes. Cuando era niño, mis abuelos y familiares me contaban las historias de la persecución y de la resistencia pacífica del clero y de los afiliados a la Acción Católica. No hay ciudadano mexicano que no haya escuchado de niño estas narraciones. De este modo, como decía Tertuliano en el segundo y tercer siglo, «la sangre de los mártires se ha convertido en la semilla de nuevos cristianos». La persecución cimentó la fe católica. No es casualidad que, tras aquella persecución, hayan surgido muchos carismas que han dado vida a nuevas congregaciones y familias religiosas. La devoción por Cristo Rey y por la Virgen de Guadalupe está cada vez más extendida, al igual que el amor por la Eucaristía y por el Papa.
--¿Cómo es la situación en estos momentos?
--Por desgracia, la actitud cultural laicista todavía está presente en México. La élite del país, la clase gobernante y las principales universidades estatales tienen todavía un planteamiento de carácter materialista, positivista, hostil y desconfiado con respecto a la Iglesia católica. Aunque hay católicos en el gobierno, no manifiestan públicamente su identidad. En México se cuentan muchos chistes, como el de quien dice: «Yo soy ateo por la gracia de Dios»; o el más típico todavía de quien confiesa: «Yo soy ateo, pero que nadie se meta con la Virgen de Guadalupe».
--¿Qué impacto tendrá la canonización de estos mártires en México?
--La
proclamación de la santidad de estos nuevos santos ha estado precedida
por una gran expectación en México. A pesar de que la mayoría
de los gobernantes tienen una actitud laicista y parecen mostrarse desconfiados
ante la religión, se está evaluando la posibilidad de dedicar
no sólo iglesias, sino también calles y plazas a la memoria
de estos mártires. Es algo que hasta hace poco tiempo era totalmente
impensable. Este cambio queda demostrado también por la atención
con la que el partido en el gobierno sigue ahora a la Iglesia católica,
una actitud que puede depender de la presencia de muchos candidatos católicos
en los partidos de oposición.
LOS MARTIRES MEXICANOS, SEMILLAS DE NUEVAS VOCACIONES
CIUDAD DEL VATICANO, 22 mayo 2000 (ZENIT.org).- Y tras el día de la fiesta, fiesta de nuevo. México ha inundado Roma y no sólo lo ha hecho con sus veinte mil peregrinos, sino con ese espíritu espontáneo y generoso que caracteriza a sus gentes. Esta mañana, la plaza de San Pedro del Vaticano se vistió del tricolor --rojo, blanco y verde-- para agradecer a Juan Pablo II la canonización de 25 mártires de la persecución mexicana y de dos fundadores de congregaciones religiosas que dedicaron su vida a Dios en el servicio de los más pobres.
Uno de los aspectos más emocionantes de la fiesta, en la que resonaron las típicas canciones de Jalisco (en la que no faltaron algunas canciones rancheras), era la presencia de mexicanos de todas las clases sociales. Había personas muy sencillas que seguramente han hecho enormes sacrificios económicos para no perderse «el viaje más bello de su vida», como nos decía una mujer indígena que ahora vive en la Ciudad de México.
El momento culminante de la fiesta tuvo lugar cuando apareció la figura blanca del Papa. «El pueblo mexicano se ha distinguido siempre por su gran amor a Dios, a la Virgen, a la Iglesia y al Papa, con un fuerte arraigo de la fe católica, la cual, a pesar de los avatares de la historia, forma parte integrante y fundamental del alma de vuestra nación», dijo el Papa. En ese momento los aplausos se alcanzaron su zenit. Por eso, repitió lo que dijo en su última visita de enero de 1999 a la Ciudad de México: «¡No dejen apagar la luz de la fe! México sigue necesitándola para poder construir una sociedad más justa y fraterna, solidaria».
Al mismo tiempo, el Santo Padre evocó las figuras de los nuevos 27 santos mexicanos --desde ayer México se convierte en el país de América con el mayor número de canonizados-- para sacar lecciones para los momentos que atraviesa México en estos momentos.
Al recordar a Cristóbal Magallanes y a los 24 mártires de la persecución religiosa mexicana, Juan Pablo II explicó que «son un precioso testimonio del compromiso eclesial y de la vocación a la santidad, propia de todos los bautizados, que nos debe llevar a vivir en comunión de fe y amor, particularmente al lado de quien nos necesita y con la confianza siempre puesta en Dios».
Por su parte, la vida de José María de Yermo y Parres, fundador de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, según el Papa, «es una invitación a los cristianos a seguir a Cristo mediante el amor al prójimo en el olvido de sí y, cuando sea necesario, aceptando la cruz. Al mundo actual, tan necesitado de fraternidad y solidaridad, el nuevo santo enseña a establecer nuevas relaciones en las que el servicio generoso, creativo, concreto y dinámico sean capaces de favorecer un clima nuevo de hermandad de todos en Cristo».
El mensaje de María de Jesús Sacramentado Venegas, fundadora de las Hijas del Sagrado Corazón, «conserva plena actualidad», añadió el Papa. «En efecto, la firmeza de su fe, la confianza ilimitada en Dios, el amor incansable, hasta el olvido de sí hicieron de ella una mujer consagrada digna de ser imitada».«Con una existencia como la suya, preocupada por hacer la voluntad de Dios por encima de todas las cosas, se vive en paz y serenidad, aspiraciones humanas tan necesarias para la vida de hoy».
Al llegar a este punto, Juan Pablo II constató que México vive en estos momentos un florecimiento de vocaciones consagradas sorprendente. Además de surgir en este siglo muchas familias religiosas que tienen sus raíces en México, muchos de los seminarios están llenos. La arquidiócesis de Guadalajara, a la que pertenecían 18 de los mártires que ahora son santos, tiene el seminario más grande del mundo, con 1.600 seminaristas. Y algunas de las diócesis que han surgido ante el crecimiento de Guadaljara, ya cuentan con 600 seminaristas. El Papa no lo dijo explícitamente, pero con sus palabras se podría parafrasear a Tertuliano: «la sangre de mártires es semilla de nuevas vocaciones».
Antes
de despedirse, el pontífice dijo a los peregrinos: «Volved
a México con el compromiso de renovar vuestra fidelidad a Dios y
a la Iglesia, de dar siempre y en todas partes un testimonio valiente de
vida cristiana, de colaborar en la nueva evangelización para que
Cristo sea conocido y amado por todos los mexicanos. Defended también
la causa de la vida, de la familia, de los pobres y necesitados».
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y Reflexiones |
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