Congregación para la Doctrina de la
Fe
Vaticano, 5 de Setiembre del 2000
La declaración "Dominus Iesus" sobre
la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia,
de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, fue
presentada esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
El documento, de 36 páginas, ha sido publicado en inglés, francés, alemán, español, portugués, italiano, polaco y latín. Está firmado por el cardenal Joseph Ratzinger y monseñor Tarcisio Bertone, respectivamente prefecto y secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Consta de una introducción, seis capítulos y una conclusión.
Algunos de los párrafos más destacados de la declaración, son los siguientes:
"En el agitado debate contemporáneo sobre la relación entre Cristianismo y otras religiones, no faltan entre los teólogos católicos quienes afirman que las religiones son caminos igualmente válidos de salvación".
"Estas teorías se fundan sobre
algunos presupuestos de naturaleza filosófica y teológica
bastante difundidos. Entre estos, la Declaración señala,
por ejemplo, la convicción de la inaferrabilidad y la inefabilidad
de la verdad divina, ni siquiera por parte de la revelación cristiana;
la actitud relativista con relación a la verdad, por la cual, aquello
que es verdad para algunos no lo es para otros; la contraposición
radical que habría entre la mentalidad lógica occidental
y la mentalidad simbólica oriental; el subjetivismo exasperado de
quien considera a la razón como
única fuente de conocimiento; el vaciamiento
metafísico del evento del misterio de la encarnación; el eclecticismo
de quien, en la investigación teológica, asume ideas derivadas
de diferentes contextos filosóficos y religiosos, sin preocuparse de
su coherencia, conexión sistemática y compatibilidad con la verdad
cristiana; la tendencia, en fin, a leer e interpretar la Sagrada Escritura fuera
de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia".
"La Comisión Teológica Internacional ya había publicado en 1997 un documento, 'El Cristianismo y las religiones', que mostraba la falta de fundamento de una teología pluralista de las religiones, afirmando en cambio la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Cristo y de la Iglesia, fuente de toda salvación, dentro y fuera del cristianismo. Sin embargo, dada la enorme y rápida difusión de la mentalidad relativista y pluralista, la Congregación para la Doctrina de la Fe interviene ahora con la presente Declaración para volver a proponer y clarificar algunas verdades de fe".
"En concreto, la Declaración se articula en seis puntos, que resumen los datos esenciales de la doctrina de la fe católica sobre el significado y el valor salvífico de las otras religiones.
I. Plenitud y definitividad de la revelación de Jesucristo
"Contra la tesis que sostiene el carácter
limitado, incompleto e imperfecto de la revelación de Jesús,
la Declaración reafirma la fe católica acerca de la plena
y completa revelación en Jesucristo del misterio salvífico
de Dios. En consecuencia, no obstante admitir que las otras religiones
no raramente reflejan un rayo de aquella Verdad que ilumina a todos los
hombre, se afirma nuevamente que la calificación de libros inspirados
se reserva solamente a los libros canónicos del Antiguo y el Nuevo
Testamento, que, en cuanto inspirados por el Espíritu Santo, tienen
a Dios por Autor y enseñan con firmeza, fidelidad y sin error la
verdad sobre Dios y la salvación de la
humanidad. La Declaración enseña además
que debe ser firmemente retenida la distinción entre fe teologal, que
es la acogida de la verdad revelada por Dios Uno y trino, y la creencia en las
otras religiones, que es una experiencia religiosa todavía en búsqueda
de la verdad absoluta y carente todavía del asentimiento a Dios que se
revela.
II. El Logos encarnado y el Espíritu Santo en la obra de la salvación
"Contra la tesis de la doble economía
salvífica: la del Verbo eterno, que sería universal y por
lo tanto válida también fuera de la Iglesia, y aquella del
Verbo encarnado, que estaría limitada solamente a los cristianos,
la
Declaración afirma la unicidad de la economía
salvífica del único Verbo encarnado, Jesucristo, Hijo unigénito
del Padre. El misterio de Cristo tiene en efecto una intrínseca unidad,
que se extiende desde la elección eterna de Dios hasta la parusía.
Jesús es el mediador y redentor universal. Por esto, es asimismo errónea
la hipótesis de una economía salvífica del Espíritu
Santo investida de un carácter más universal que la economía
del Verbo encarnado, crucificado y resucitado. El Espíritu Santo es de
hecho el Espíritu de Cristo resucitado, y su acción no se pone
fuera o al lado de la acción de Cristo".
III. Unicidad y universalidad del misterio salvífico de Jesucristo
"En consecuencia, la Declaración
reafirma la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de
Cristo. Ciertamente, la única mediación de Cristo no excluye
mediaciones participadas de distintos tipos y orden; estos, sin
embargo, obtienen su significado y su valor únicamente
de la mediación de Cristo y no pueden entenderse como paralelas o complementarias".
IV. Unicidad y unidad de la Iglesia
"El Señor Jesús continúa
su presencia y su obra de salvación en la Iglesia y a través
de la Iglesia, que es su cuerpo. Por ello, se debe creer firmemente como
verdad de fe católica la unidad de la Iglesia por él fundada.
Los fieles están obligados a profesar que existe una continuidad
histórica entre la Iglesia fundada por Cristo y la Iglesia Católica.
En relación con la 'existencia de numerosos elementos de santificación
y de verdad fuera de su estructura visible', o en las Iglesias y Comunidades
eclesiales que no están todavía en plena comunión
con la Iglesia Católica,
es necesario afirmar que su eficacia 'deriva de la
misma plenitud de gracia y verdad que fue confiada a la Iglesia católica'.
"Las Iglesias que no aceptan la doctrina católica del Primado del Obispo de Roma permanecen unidas a la Iglesia Católica por medio de estrechísimos vínculos, como la sucesión apostólica y la Eucaristía válidamente consagrada. Por eso, también en estas Iglesias está presente y operante la Iglesia de Cristo, si bien falte la plena comunión con la Iglesia católica. Por el contrario, las Comunidades eclesiales que no han conservado el Episcopado válido y la genuina e íntegra sustancia del misterio eucarístico, no son Iglesia en sentido propio; sin embargo, los bautizados en estas Comunidades han sido incorporados por el Bautismo a Cristo y, por lo tanto, están en una cierta comunión, si bien imperfecta, con la Iglesia católica".
V. Iglesia, Reino de Dios y Reino de Cristo
"La misión de la Iglesia es 'anunciar el Reino de Cristo y de Dios, y establecerlo en medio de todas las gentes; [la Iglesia] constituye en la tierra el germen y el principio de este Reino'. Por un lado la Iglesia es 'signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano'. Por otro lado, la Iglesia es el 'pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo'. Pueden darse distintas explicaciones teológicas sobre estos temas. Sin embargo, no se puede en ningún modo negar o vaciar de significado la íntima conexión que existe entre Cristo, el Reino y la Iglesia".
"El Reino de Dios no se identifica, sin embargo, con la realidad visible y social de la Iglesia. En efecto, no se debe excluir 'la obra de Cristo y del Espíritu Santo fuera de los confines visibles de la Iglesia'. Al considerar las relaciones entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia, se hace necesario evitar acentuaciones unilaterales, como ocurre cuando se habla del Reino de Dios sin mencionar a Cristo, o se privilegia el misterio de la creación callando sobre el misterio de la redención. En tales casos, se aduce que Cristo no puede ser comprendido por quien no posee la fe cristiana, mientras pueblos, culturas y religiones diversas pueden reencontrarse en la única realidad divina, cualquiera sea su nombre".
VI. La Iglesia y las religiones en relación con la salvación
"Ante todo, debe ser firmemente creído que la 'Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el único Mediador y el camino de salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia'. Esta doctrina no se contrapone a la voluntad salvífica universal de Dios; por lo tanto, 'es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación'. Para aquellos que no son formal y visiblemente miembros de la Iglesia, 'la salvación de Cristo es accesible en virtud de la gracia que, aun teniendo una misteriosa relación con la Iglesia, no les introduce formalmente en ella, sino que los ilumina de manera adecuada en su situación interior y ambiental. Esta gracia proviene de Cristo; es fruto de su sacrificio y es comunicada por el Espíritu Santo'".
"Ciertamente, las diferentes tradiciones religiosas contienen y ofrecen elementos de religiosidad, que forman parte de 'todo lo que el Espíritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, así como en las culturas y religiones'. A ellas, sin embargo, no se les puede atribuir un origen divino ni una eficacia salvífica 'ex opere operato', que es propia de los sacramentos cristianos. Con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido la Iglesia para la salvación de todos los hombres. Esta verdad de fe no quita nada al hecho de que la Iglesia considera las religiones del mundo con sincero respeto, pero al mismo tiempo excluye esa mentalidad indiferentista 'marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que una religión es tan buena como otra'".
Conclusión
"Al tratar el tema de la verdadera religión,
los Padres del Concilio Vaticano II han afirmado: 'Creemos que esta única
religión verdadera subsiste en la Iglesia católica y apostólica,
a la cual el Señor Jesús confió la obligación
de difundirla a todos los hombres, diciendo a los Apóstoles: 'Id,
pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado'"
(VIS).+
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Parte de la Conferencia
de Prensa
en la presentación
del Documento
Ciudad del Vaticano, SET 5 (AICA): La Congregación para la Doctrina de la Fe presentó, esta mañana, la declaración "Dominus Iesus" sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia, de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Intervinieron en la rueda de prensa el cardenal Joseph Ratzinger, el arzobispo Tarcisio Bertone, monseñor Fernando Ocáriz y padre Angelo Amato, respectivamente prefecto, secretario y consultores de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
El cardenal Ratzinger señaló que "algunos teólogos más moderados confiesan que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, pero piensan que a causa de la limitación de la naturaleza humana de Jesús, la revelación de Dios en El no puede ser considerada completa y definitiva, sino que debe ser siempre considerada en relación con otras posibles revelaciones de Dios expresadas en los genes religiosos de la humanidad y en los fundadores de las religiones del mundo. De este modo, objetivamente hablando, se introduce la idea errada de que las religiones del mundo son complementarias a la revelación cristiana". Al referirse al relativismo y sus consecuencias, el prefecto de la Fe dijo que el hecho de que se presente como la "verdadera filosofía de la humanidad, capaz de garantizar la tolerancia y la democracia, lleva a marginar ulteriormente a quien se empeña en la defensa de la identidad cristiana y en su pretensión de difundir la verdad universal y salvífica de Jesucristo".
"El principio de la tolerancia y respeto de la -continuó-, es hoy manipulado y superado indebidamente cuando se extiende al aprecio de los contenidos, como si todos los contenidos de las diversas religiones y de los conceptos no religiosos de la vida se tuviesen que situar al mismo nivel, y ya no existiese una verdad objetiva y universal, porque Dios o el Absoluto se revelarían con numerosos nombres, pero todos ellos serían verdaderos. Esta falsa idea de tolerancia está relacionada con la pérdida y la renuncia de la cuestión de la verdad, que hoy muchos consideran una cuestión irrelevante o de segunda clase".
El cardenal Ratzinger recordó la enseñanza de Juan Pablo II en la encíclica "Redemptoris missio": "Todo lo que el Espíritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, así como en las culturas y religiones tiene un papel de preparación evangélica". Y en este sentido, subrayó que "se considera 'preparación evangélica' no todo lo que se encuentra en las religiones, sino sólo 'lo que el Espíritu obra' en ellas.
De esto se deriva una importantísima consecuencia: el camino para la salvación es el bien presente en las religiones, como obra del Espíritu de Cristo, pero no las religiones en cuanto tales". "La estima y el respeto por las religiones del mundo, así como por las culturas que han obtenido un objetivo enriquecimiento a la promoción de la dignidad del hombre y al desarrollo de la civilización, no disminuye la originalidad y la unicidad de la revelación de Jesucristo y no limita de ninguna manera la tarea misionera de la Iglesia".
Monseñor Tarcisio Bertone explicó a continuación el género literario del documento. El término declaración significa que "no enseña doctrinas nuevas sino que reafirma y sintetiza la doctrina de la fe católica definida o enseñada en precedentes documentos del Magisterio de la Iglesia, indicando su recta interpretación, frente a los errores y ambigüedades doctrinales difundidos en el ambiente teológico y eclesial actual".
"Tratándose de un documento doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe, expresamente aprobado por el Sumo Pontífice -continuó-, es de naturaleza magisterial universal". La fórmula de aprobación "es de especial y elevada autoridad: 'certa scientia et apostolica Sua auctoritate'. Esto corresponde a la importancia y esencialidad de los contenidos doctrinales enseñados en la Declaración: se trata de verdades de fe divina y católica o de verdades de la doctrina católica que hay que respetar firmemente. Por tanto, el asenso exigido a los fieles es de tipo definitivo e irrevocable". El secretario de la Congregación puso de relieve que "si una doctrina es enseñada como definitiva, y por tanto irreformable, esto presupone que es enseñada por el Magisterio con un acto infalible, aunque sea de diverso tipo".
Por su parte, el padre Amato comentó las distinciones que hace la Declaración entre "fe teologal y creencia". La primera, recordó, es una "virtud teologal que implica un asenso libre y personal a toda la verdad que Dios ha revelado"; y la creencia, sin embargo, "está privada del asenso a Dios que se revela". Por lo que concierne a la unidad de la economía salvífica del Verbo, la Declaración contrasta tres tesis: una primera "considera a Jesús de Nazaret como una de tantas encarnaciones histórico-salvíficas del Verbo eterno. Contra estas hipótesis, se hace hincapié en la unidad entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret".
La segunda tesis errónea "plantea una doble economía salvífica, la del Verbo eterno distinta de la del Verbo encarnado. La Declaración rechaza esta distinción y reafirma la fe de la Iglesia en la unicidad de la economía salvífica querida por Dios Uno y Trino". Una tercera tesis errónea "separa la economía del Espíritu Santo de la del Verbo encarnado. La Declaración rechaza también esta hipótesis como contraria a la fe católica".
Monseñor Fernando Ocáriz habló de las consecuencias eclesiológicas de la doctrina contenida en los tres primeros capítulos. "Sólo en la Iglesia Católica -afirmó- subsiste la Iglesia de Cristo en toda su plenitud, mientras que fuera de su unión visible existen 'elementos de santificación y de verdad' propios de la misma Iglesia. or tanto, existe una sola Iglesia (subsistente en la Iglesia Católica) y al mismo tiempo, existen verdaderas Iglesias particulares no católicas". "Debemos creer que toda salvación -también la de los no cristianos- viene de Cristo a través de la Iglesia, pero no sabemos cómo se realiza esto en el caso de los no cristianos".
La "Dominus Iesus", terminó, "rechaza una interpretación muy difundida hoy -pero contraria a la fe católica- según la cual todas las religiones, en cuanto tales, por sí mismas, serían vías de salvación junto a la religión cristiana". Y recuerda que "las otras religiones contienen 'elementos de religiosidad que proceden de Dios y que forman parte de todo lo que el Espíritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, así como en las culturas y en las religiones'".
Al final de la rueda de prensa, un periodista preguntó si el documento no supone un impedimento al diálogo ecuménico e inter-religioso. El padre Amato respondió que por lo que concierne al ecumenismo, "la declaración no enuncia ningún principio nuevo; lo que hace es recordar lo que dice el Concilio Vaticano II a este respecto". En cuanto al diálogo inter-religioso, "propone un camino hacia la armonía, la paz y el respeto; en ningún modo supone una interrupción de este diálogo".
Otro preguntó
si en la preparación del documento, la Congregación para la Doctrina
de la Fe también había consultado con los obispos asiáticos,
debido a que en el texto se hace referencia a la influencia de las religiones
orientales en la naturaleza salvífica de la Iglesia. El arzobispo Bertone
dijo que se había dialogado bastante con las conferencias episcopales
asiáticas y que habían tenido varias reuniones con los obispos
indios (VIS).
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