14 DE MAYO 2000.- IV DOMINGO DE PASCUA
"La Eucaristía, fuente de toda vocación
y ministerio en la Iglesia"
Venerados Hermanos en el Episcopado,
carísimos Hermanos y Hermanas de todo
el mundo!
La Jornada Mundial de Oración por las
Vocaciones que será celebrada en el clima glorioso de las fiestas
pascuales, momento particularmente intenso de las fechas jubilares, me
ofrece la ocasión para reflexionar junto con
vosotros sobre el don de la divina llamada,
compartiendo vuestra solicitud por las vocaciones al ministerio sacerdotal
y a la vida consagrada. El tema que quiero proporcionaros este año
se pone en sintonía con el desarrollo del Gran Jubileo. Quisiera
meditar con vosotros sobre: La Eucaristía, fuente de toda vocación
y ministerio en la Iglesia. No es quizá la Eucaristía el
misterio de Cristo vivo y operante en la historia? En la Eucaristía
Jesús continúa llamando a su seguimiento y ofreciendo a cada
hombre la "plenitud del tiempo".
1.- "Cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios mandó a su Hijo, nacido de mujer". ( Gal.4,4)
"La plenitud del tiempo se identifica con el
misterio de la Encarnación del Verbo. y con el misterio de la Redención
del mundo" (Tertio millennio adveniente,1): en el Hijo consustancial al
Padre y hecho hombre en el seno
de la Virgen se abre y llega a su plenitud
en el "tiempo"esperado, tiempo de gracia y de misericordia, tiempo de salvación
y de reconciliación.
Cristo revela el plan de Dios respecto de toda
la creación y en particular respecto del hombre. Él "revela
plenamente el hombre al hombre y le comunica su altísima vocación"
(Gaudium et Spes , 22), escondida en el
corazón del Eterno. El misterio del
Verbo encarnado será plenamente descubierto sólo cuando cada
hombre y cada mujer sean realizados en Él, hijo en el Hijo,
miembros de su Cuerpo místico que es la Iglesia.
El Jubileo, y éste en particular, celebrando los 2000 años de la entrada en el tiempo del Hijo de Dios y el misterio de la redención, incita a cada creyente a considerar su propia vocación personal, para completar lo que falta en su vida a la pasión del Hijo en favor de su cuerpo que es la Iglesia. (Cor. 1, 24)
2.- "Puesto con ellos a la mesa, tomó
el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dió. Se les abrieron
los ojos y lo reconocieron. Mas El desapareció de su presencia.
Se dijeron uno al otro: "No ardía nuestro corazón dentro
de
nosotros mientras en el camino nos hablaba
y nos explicaba las Escrituras?"(Lc 24, 30-32)
La Eucaristía constituye el momento
culminante en el que Jesús, al darnos su Cuerpo inmolado y su Sangre
derramada por nuestra salvación, descubre el misterio de su identidad
e indica el sentido de la vocación de cada
creyente. En efecto, el significado de la
vida humana está todo en aquel Cuerpo y en aquella Sangre, ya que
por ellos nos han venido la vida y la salvación. Con ellos debe,
de alguna manera, identificarse la existencia misma de la persona, la cual
se realiza a sí misma en la medida en que sabe hacerse, a su vez
don para todos.
En la Eucaristía todo esto está misteriosamente significado en el signo del pan y del vino, memorial de la Pascua del Señor: el creyente que se alimenta de aquel Cuerpo inmolado y de aquella Sangre derramada recibe la fuerza de transformarse a su vez en don. Como dice S. Agustín: "Sed lo que recibís y recibid lo que sois" (Discurso 272,1: En Pentecostés).
En el encuentro con la Eucaristía algunos
descubren sentirse llamados a ser ministros del Altar, otros a contemplar
la belleza y la profundidad de este misterio, otros a encauzar la fuerza
de su amor hacia los pobres y débiles, y otros, también a
captar su poder transformador en las realidades y en los gestos de la vida
de cada día. Cada creyente encuentra en la Eucaristía no
sólo la clave interpretativa de su propia existencia sino el valor
para
realizarla, y construir así, en la
diversidad de los carismas y de las vocaciones, el único Cuerpo
de Cristo en la historia.
En la narración de los discípulos de Emaús (Lc.24,13-35) S. Lucas hace entrever cuanto acaece en la vida del que vive de la Eucaristía. Cuando "en el partir el pan" por parte del "forastero" se abren los ojos de los discípulos, ellos se dan cuanta que el corazón les ardía en el pecho mientras lo escuchaban explicar las Escrituras. En aquel corazón que arde podemos ver la historia y el descubrimiento de cada vocación, que no es conmoción pasajera, sino percepción cada vez más cierta y fuerte de que la Eucaristía y la Pascua del Hijo serán cada vez más la Eucaristía y la Pascua de sus discípulos.
3.- "He escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno". (I Juan 2-14)
El misterio del amor de Dios" escondido desde
los siglos y desde las generaciones" (Col.1,26) es ahora revelado a nosotros
en la "palabra de la cruz" (1 Cor. 1,18) que morando en vosotros, queridos
jóvenes, será vuestra
fuerza y vuestra luz y os descubrirá
el misterio de la llamada personal. Conozco vuestras dudas y vuestras fatigas,
os veo con cara de desaliento, comprendo el temor que os asalta ante el
futuro. Pero tengo, también, en la mente y en el corazón
la imagen festiva de tantos encuentros con vosotros en mis viajes apostólicos,
durante los cuales he podido constatar la búsqueda sincera de la
verdad y el amor que permanece en cada uno de vosotros.
El Señor Jesús ha plantado su tienda en medio de nosotros y desde esta su morada eucarística repite a cada hombre y a cada mujer: "Venid a mí , todos vosotros, que estáis cargados y oprimidos y yo os confortaré. (Mt.11,28)
Queridos jóvenes, andad al encuentro de Jesús Salvador! Amadlo y adoradlo en la Eucaristía! Él está presente en la Santa Misa que hace sacramentalmente presente el Sacrificio de la Cruz. Él viene a nosotros en la Sagrada Comunión y permanece en los Sagrarios de nuestras Iglesias, porque es nuestro amigo, amigo de todos, particularmente de vosotros jóvenes, tan necesitados de confidencia y de amor. De Él podéis sacar el coraje para ser sus apóstoles en este particular paso histórico: el 2000 será como vosotros jóvenes lo querráis y lo deseéis. Después de tanta violencia y opresión, el mundo tiene necesidad de "echar puentes" para unir y reconciliar; después de la cultura del hombre sin vocación, hacen falta hombres y mujeres que creen en la vida y la acogen como llamada que viene de lo Alto, de aquel Dios que porque ama, llama; después del clima de sospecha y de desconfianza, que corrompe las relaciones humanas, sólo jóvenes valientes, con mente y corazón abiertos a ideales altos y generosos podrán restituir belleza y verdad a la vida y a las relaciones hamanas. Entonces este tiempo jubilar será para todos de verdad "año de gracia del Señor", un Jubileo vocacional.
4.-"Os escribo a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio"(1 Juan,2-13)
Cada vocación es don del Padre, y como
todos los dones que vienen de Dios, llegan a través de muchas mediaciones
humanas: la de los padres o educadores, de los pastores de la Iglesia,
de quien está directamente
comprometido en un minsiterio de animación
vocacional o del simple creyente.
Quisiera con este mensaje dirigir la mirada
a toda esta categoría de personas, a las que está ligado
el descubrimiento y el apoyo de la llamada divina. Soy consciente de que
la pastoral vocacional constituye un
ministerio no fácil, pero cómo
no recordaros que nada es más sublime que un testimonio apasionado
de la propia vocación? Quien vive con gozo este don y lo alimenta
diariamente en el encuentro con la Eucaristía sabrá derramar
en el corazón de tantos jóvenes la semilla buena de la fiel
adhesión a la llamada divina. Es en la presencia eucarística
donde Jesús nos reúne, nos introduce en el dinamismo de la
comunión eclesial y nos hace signos
proféticos ante el mundo.
Quisiera aquí, dirigir un pensamiento
afectuoso y agradecido a todos aquellos animadores vocacionales, sacerdotes,
religiosos y laicos, que se prodigan con entusiasmo en este fatigoso ministerio.
No os dejéis desanimar por las dificultades, tened confianza! La
semilla de la llamada divina, cuando es plantada con generosidad, dará
frutos abundantes. Frente a la grave crisis de vocaciones al ministerio
sacerdotal y a la vida consagrada que afecta a algunas regiones del mundo,
es menester, sobre todo en este Jubileo del Año 2000, afanarse para
que cada presbítero, cada consagrado y consagrada redescubra la
belleza de su propia vocación y la testimonie a
los demás.
Que cada oyente llegue a ser educador de vocaciones,
sin tener que proponer una elección radical; que cada comunidad
comprenda la centralidad de la Eucaristía y la necesidad de los
ministros del Sacrificio Eucarístico; que
todo el pueblo de Dios alce siempre la más
intensa y apasionada oración al Dueño de la mies, con el
fin de que mande operarios a su mies. Y que confie esta oración
a la intercesión de Aquella que es Madre del Sacerdote eterno.
5.- Oración.
Virgen María, humilde hija del Altísimo,
en tí se ha cumplido de modo admirable
el misterio de la divina llamada.
Tu eres la imagen de lo que Dios cumple
en quien a Él se confía;
en ti la libertad del Creador
ha exaltado la libertad de la criatura.
Aquel que es nacido en tu seno
ha reunido en un solo querer la libertad salvífica de Dios
y la adhesión obediente del hombre.
Gracias a Ti, la llamada de Dios
se salda definitivamente con la respuesta del hombre- Dios.
Tu, primicia de una vida nueva,
protégenos a todos nosotros en el "SI" generoso del gozo y del amor.
Santa María, Madre de cada llamado,
haz que los creyentes tengan la fuerza
de responder con ánimo generoso al llamamiento divino
y sean alegres testimonios del amor hacia Dios
y hacia el prójimo.
Joven hija de Sión, Estrella de la mañana,
que guías los pasos de la humanidad
a través del Gran Jubileo hacia el porvenir,
orienta a la juventud del nuevo Milenio
hacia Aquel que es "la luz verdadera
que ilumina a todo hombre". (Juan 1,9)
Amén!
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
![]() |
|
Jóvenes de Acción
Católica Argentina
Arquidiócesis de Rosario
|