Vaticano, 12 de Febrero de 2002
Ciudad del Vaticano, FEB 12 (AICA): En nombre de los obispos argentinos que realizan la visita ad límina, el arzobispo de Rosario y vicepresidente primero del Episcopado, monseñor Eduardo Vicente Mirás, le dijo a Juan Pablo II que "nuestro país está pasando por un momento difícil que lo acerca a la disolución social".
Le explicó también que "llamamos a la cordura, a la renuncia de privilegios irritantes y a la no violencia; y creemos estar haciendo, junto con los laicos que se han incorporado a este empeño, todo lo que aparece a nuestro alcance para ayudar a que la Argentina vuelva a ser Nación. Le pedimos Beatísimo Padre, que nos tenga presente de forma especial en su plegaria, para que Dios ilumine a los responsables de nuestro ansiado renacimiento".
"Ante este peligro y la confusión reinante -añadió-, el Episcopado Argentino se sintió en la obligación de ofrecer un ámbito al que pudieran acercarse los distintos estamentos de la sociedad a convenir juntos, en diálogo y sin disputas estériles, los caminos de solución para reorganizar la República y para atenuar la pobreza y las necesidades de la gente".
Siguió afirmando que "desde hace bastante tiempo, en distintos documentos y declaraciones, la conferencia episcopal y los obispos individualmente, venían advirtiendo al gobierno y a la sociedad, que el país se iba disolviendo a causa de la enorme corrupción pública y privada y la falta de credibilidad que ostentaban sus dirigentes. Hoy, un país que no puede ser definido como pobre, gracias a sus potencialidades naturales, tiene, sin embargo, a un altísimo porcentual de su población sumida en el desempleo y en la extrema pobreza, mientras permanecen rotos los vínculos sociales".
El Pontífice recibió hoy a todos los pastores argentinos que desarrollan la primera tanda de la visita ad límina y les dirigió un discurso (ver en www.aica.org), tras lo cual, monseñor Mirás pronunció un mensaje en representación de sus hermanos en el Episcopado, cuyo texto completo es el siguiente:
"Este primer grupo de Obispos de la República Argentina, ha venido 'ad limina apostolorum' para encontrarse con Su Santidad y con sus colaboradores, con quienes ha discurrido los temas propuestos en las relaciones quinquenales.
"Nos sentimos reconfortados con la deferencia que el Papa ha tenido con cada uno, al recibirnos primero en audiencia privada para ofrecernos un encuentro personal; al invitarnos luego a compartir su mesa, donde pudimos tratar temas pastorales e interesarlo en los problemas que hoy aquejan a nuestro país; y especialmente, al reunirnos esta mañana en la Eucaristía que acabamos de concelebrar.
"Incorporados al Colegio de los Obispos en virtud de la ordenación episcopal, cada uno de nosotros ha recibido el ministerio de presidir una Iglesia particular, para guiarla y ser en ella fundamento de unidad, en comunión con la Cabeza del Colegio, principio visible de la unidad de la Iglesia entera.
"Por los muchos vínculos que nos unen al ministerio de Pedro, como la Eucaristía, la enseñanza de la Palabra en fidelidad al Magisterio, el resguardo de la disciplina eclesiástica, la solicitud por todas las iglesias y la participación en su dimensión misionera, la visita "ad limina" se nos convierte en un momento privilegiado para manifestar nuestra unión con el Santo Padre.
"La Iglesia en la Argentina siempre ha sido fiel a esta unión. Sus enseñanzas y manifestaciones guardan correspondencia con el magisterio del Papa, tanto en la proclamación de la verdad revelada, como en la propuesta irrestricta y clara de todas las consecuencias morales que se derivan de ella, especialmente frente al subjetivismo y al rechazo actual del contenido material y universal de la ética.
"También quiere esforzarse cada vez más en el empeño misionero, ante los nuevos desafíos que propone el tiempo, intentando despertar en el laicado el compromiso responsable con el mundo a evangelizar, y promoviendo especialmente la defensa de la familia, minada por las costumbres de la modernidad.
"Como la Iglesia universal se encarna en las iglesias particulares, constituidas por una porción concreta de la humanidad, tributaria de su propia herencia cultural y de sus propios problemas cotidianos, intentamos auscultar la realidad, a fin de promover la planificación pastoral que más convenga en cada caso. Y padecemos la común realidad de carecer de clero suficiente y de vocaciones.
"Estas urgencias nos llevan a agradecer, una vez más, su llamado a la esperanza en la "Tertio Millennio Ineunte" y, al mismo tiempo, a esperar vivamente el documento post-sinodal sobre los obispos, con la seguridad de que hallaremos en él, reflexiones y líneas de acción que habrán de sernos muy útiles para nuestro ministerio.
"Santidad: nuestro país está pasando por un momento difícil que lo acerca a la disolución social. Ante este peligro y la confusión reinante, el Episcopado Argentino se sintió en la obligación de ofrecer un ámbito al que pudieran acercarse los distintos estamentos de la sociedad a convenir juntos, en diálogo y sin disputas estériles, los caminos de solución para reorganizar la República y para atenuar la pobreza y las necesidades de la gente. Desde hace bastante tiempo, en distintos documentos y declaraciones, la conferencia episcopal y los obispos individualmente, venían advirtiendo al gobierno y a la sociedad, que el país se iba disolviendo a causa de la enorme corrupción pública y privada y la falta de credibilidad que ostentaban sus dirigentes. Hoy, un país que no puede ser definido como pobre, gracias a sus potencialidades naturales, tiene, sin embargo, a un altísimo porcentual de su población sumida en el desempleo y en la extrema pobreza, mientras permanecen rotos los vínculos sociales.
"Llamamos a la cordura, a la renuncia de privilegios irritantes y a la no violencia; y creemos estar haciendo, junto con los laicos que se han incorporado a este empeño, todo lo que aparece a nuestro alcance para ayudar a que la Argentina vuelva a ser Nación. Le pedimos Beatísimo Padre, que nos tenga presentes de forma especial en su plegaria, para que Dios ilumine a los responsables de nuestro ansiado renacimiento.
"Gracias
por su paternal acogida, por su gesto siempre comprensivo y bondadoso y por
la fuerza espiritual que nos deja su palabra señera".
DISCURSO
DEL SANTO PADRE A LOS OBISPOS ARGENTINOS
QUE PARTICIPAN DE LA VISITA AD LÍMINA
1.
Os recibo complacido, amados Obispos de la República Argentina que realizáis
esta visita ad Limina con la cual fortalecéis los lazos de amor y comunión
con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia de Roma, "en unión con
la cual siempre por los fieles de todo el mundo se ha conservado la apostólica
Tradición" (San Ireneo, Adv. Haeres, III, 3). Os doy la bienvenida
con las palabras del apóstol Pablo, deseando que os acompañen
siempre "la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre
y de Cristo Jesús, nuestro Señor" (1Tm 1,2).
Quiero que mi saludo llegue a todos los sacerdotes, religiosos, religiosas y
fieles de vuestras diócesis, a los que idealmente abrazo y a los que
renuevo mi afecto en el Señor.
Agradezco de corazón las amables palabras que en nombre de todos me ha
dirigido Mons. Eduardo Vicente Mirás, Arzobispo de Rosario, reafirmando
vuestros sentimientos de adhesión al Papa y presentándome el camino
que recorréis para el anuncio gozoso del Evangelio de Jesucristo, aún
en medio de las dificultades. Correspondo expresándoos mi gratitud por
el trabajo incansable que lleváis a cabo en todos los ámbitos
y alentándoos a no sucumbir ante los desafíos de la hora presente,
confiando y enseñando a confiar en la Providencia amorosa de Dios.
2.
Siendo Sucesores de los Apóstoles, estáis al frente de vuestras
Iglesias particulares como Pastores para actuar in persona Christi Capitis y
haciendo las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Sacerdote (cf. Lumen
gentium, 21). Consagráis vuestra existencia y actividad al servicio apostólico
de transmitir la fe y fomentar la vida de caridad en el Pueblo de Dios. Como
ministros del Evangelio, haciendo presente de manera visible y eminente al Señor,
estáis llamados a ser testigos y servidores de la esperanza evangélica
en el ejercicio del triple munus de santificar, enseñar y gobernar (cf.
Ibíd. 21). Os invito, pues, a seguir prestando a vuestros fieles y a
todo el pueblo el hermoso servicio de mantener la esperanza auténtica
que es Jesucristo resucitado, en un momento tan apremiante, sea a escala mundial
como en la situación particular de la querida Nación Argentina.
3.
Vuestro País atraviesa en estos momentos una profunda crisis social y
económica que afecta a toda la sociedad y, además, pone en peligro
la estabilidad democrática y la solidez de las instituciones públicas,
con consecuencias que van más allá de las propias fronteras patrias.
En muchos hogares falta hasta lo más básico e indispensable, poniendo
a tantas personas ante un futuro lleno de riesgos e incertidumbres. La preocupación
del momento presente debe llevar a un serio examen de conciencia sobre las responsabilidades
de cada uno y las trágicas consecuencias del egoísmo insolidario,
de las conductas corruptas que muchos denuncian, de la imprevisión y
mala administración de los bienes de la Nación. Sobre todo ello
habéis ofrecido a los fieles y a las personas de buena voluntad documentos
de alerta y realismo, desde una marcada óptica evangélica. Ya
en vuestra última visita ad Limina, en el año 1995, me refería
a ello señalando cómo "la corrupción y su impunidad
corren el riesgo de generalizarse, con las lamentables secuelas de indiferencia
social y escepticismo" (Discurso, 11.XI.1995, 4). En la raíz de
esa penosa situación hay una profunda crisis moral y por ello, como habéis
señalado, el primer paso ha de ser "el cultivo de los valores morales.
En especial: la austeridad, el sentido de la equidad y de la justicia, la cultura
del trabajo, el respeto de la ley y de la palabra dada" (Mensaje de la
Comisión Permanente de la CEA, 8.I.2002).
En este momento se requieren ciertamente oportunas medidas técnicas que
levanten la economía y favorezcan que a cada argentino no le falten los
bienes necesarios para desarrollarse como persona y como ciudadano. No le corresponde
a la Iglesia en cuanto institución señalar cuáles son las
más adecuadas, pues eso es tarea de los gobernantes y de los especialistas
en las diversas ciencias sociales. Sin embargo, aun cuando la misión
de la Iglesia es de orden puramente religioso, ello no impide que ofrezca su
colaboración para favorecer un diálogo nacional entre todos los
responsables a fin de que cada uno pueda cooperar activamente para la superación
de la crisis. El diálogo excluye la violencia en sus diversas expresiones,
como son muertes y saqueos, y ayuda a construir un futuro más humano
con la colaboración de todos, evitando de ese modo un radical empobrecimiento
de la sociedad. Es oportuno recordar que la situación social no mejora
tan sólo aplicando medidas técnicas, sino también, y sobre
todo, promoviendo reformas con una base humana y moral, que tengan presente
una consideración ética de la persona, de la familia y de la sociedad.
Por ello, sólo una nueva propuesta de los valores morales fundamentales,
como son la honestidad, la austeridad, la responsabilidad por el bien común,
la solidaridad, el espíritu de sacrificio y la cultura del trabajo, en
una tierra como la vuestra que la Providencia ha creado fértil y fecunda,
puede asegurar un mejor desarrollo integral para todos los miembros de la comunidad
nacional.
4.
La situación que se vive en Argentina puede ser también causa
de división y fomentar odios y rencores entre quienes están llamados
a ser los constructores cotidianos del País. Por ello, os invito a seguir
acompañando a vuestro pueblo como ministros de la reconciliación,
para que la grey que os ha sido encomendada, superando las dificultades del
presente, avance por los caminos de la concordia y el amor sincero entre todos,
sin excepción. Sabéis bien que el futuro del País se debe
basar en la paz, que es fruto de la justicia (cf. St 3,18). ¡Seguid
esa senda, ayudad a construir una sociedad que favorezca la concordia, la armonía
y el respeto por la persona y cada uno de sus derechos fundamentales! Con vuestra
palabra valiente y oportuna, y teniendo siempre presentes las exigencias del
bien común, debéis animar a todos, empezando por los responsables
de la vida política, parlamentaria, administrativa y judicial de la Nación,
a promover condiciones más justas de vida, de trabajo y de vivienda.
Si bien es cierto que la magnitud del fenómeno tiene también componentes
externos y es necesario buscar apoyos fuera de las propias fronteras, se ha
de tener presente que los argentinos mismos, con las ricas cualidades que les
distinguen, han de ser los protagonistas y artífices principales de la
reconstrucción del País, comprometiéndose, con su esfuerzo
y su tesón a superar esa situación tan difícil.
5.
Mientras se espera que las soluciones adoptadas den resultados positivos, es
menester fomentar la acción caritativa y asistencial, tarea que la Iglesia
siempre ha llevado a cabo, para hacer más llevaderas las condiciones
de los menos favorecidos. Os preocupa, queridos Hermanos, la situación
de aquellas personas que sufren y carecen de lo necesario. Pienso particularmente
en los jubilados, en los desempleados, en los que lo han perdido todo en las
revueltas. A este respecto, son consoladoras las diversas iniciativas tomadas
en cada diócesis para responder adecuadamente a las necesidades de los
pobres. Son de alabar las actividades de Cáritas, las de numerosas parroquias
y congregaciones religiosas, así como la iniciativa ya consolidada de
la Colecta "Más por menos" y otras similares. Con ellas se
invita a los cristianos a privarse de algo necesario, y no sólo de lo
superfluo, fomentando la actitud de compartir con los hermanos.
Esta preocupación "forma parte de la misión evangelizadora
de la Iglesia" (Sollicitudo rei socialis, 41), en la que debe ocupar un
lugar predominante la promoción humana. Por tanto, los Pastores deben
orientar a sus fieles en este campo y todos ellos están llamados a colaborar
activamente en este servicio de la caridad, impulsando y favoreciendo en esta
hora crucial de la historia argentina convenientes iniciativas encaminadas a
superar situaciones de pobreza y marginación, que afectan a tantos hermanos
necesitados. La coordinación con las diversas instituciones, estatales
y no gubernamentales propiciará una ayuda más eficaz al prójimo,
ayudándole a que no se deje llevar por los espejismos del lucro o del
consumismo, sino que se apoye en las mejores tradiciones de sobriedad, solidaridad
y generosidad que anidan en el corazón de vuestro pueblo.
6.
El examen de las Relaciones quinquenales y el coloquio personal con cada uno
de vosotros ponen de relieve la vitalidad de la Iglesia en Argentina, con sus
logros y avances, sus proyectos y esfuerzos, así como los límites
humanos con los que inevitablemente hay que contar, en el marco del empeño
constante de fidelidad a la misión que Cristo el Señor confió
a su Iglesia de ser instrumento de salvación para todos, capaz de inspirar
una acción de transformación de la sociedad.
En el ejercicio de vuestra misión de Pastores es necesario mantener siempre
la comunión afectiva y efectiva con esta Sede de Pedro y entre vosotros
mismos. El esmero por seguir conservando este espíritu, manifestado en
vuestras asambleas o en otros tipos de encuentros para ofreceros ayuda mutua
y complementar la visión sobre los variados aspectos de la realidad pastoral,
es una gozosa experiencia eclesial y, a la vez, ha de ser un valioso ejemplo
para los sacerdotes, para las comunidades y hasta para la sociedad civil misma,
enfrentada a veces por diversos puntos de vista o por conflictos de intereses.
7.
Para poder llevar adelante la tarea de la Iglesia en Argentina os invito a prestar
atención a la exigencia de contar con evangelizadores suficientes, tanto
en cantidad y calidad, ya sean sacerdotes y religiosos, religiosas y personas
consagradas que hagan presente el anuncio del Evangelio a todas las gentes.
Ello implica una atención permanente al problema de las vocaciones de
especial consagración. En este sentido es fundamental contar con familias
sanas, estables, fundadas en los verdaderos valores domésticos en cuyo
seno puedan brotar y crecer en un clima conveniente las semillas de la vocación;
así mismo son importantes las organizaciones, de tipo parroquial, escolar
o vinculadas a los nuevos movimientos apostólicos, como ambiente propicio
para la inserción en un estilo de vida que muestre interés por
los demás y ofrezcan una educación basada en la fe. La experiencia
enseña que con frecuencia las vocaciones al sacerdocio y a la vida de
especial consagración han surgido en esos ambientes y en los centros
educativos de orientación cristiana, donde al objetivo de procurar la
madurez humana y técnica se le añade el compromiso evangelizador.
Los jóvenes, y a veces personas ya maduras y formadas, deben ser recibidos,
sentirse amados y ser convenientemente atendidos en los seminarios y casas de
formación mediante un proceso que ayude a desarrollar la vocación
y puedan ser un día servidores de Dios en beneficio de los fieles y de
tantos hermanos necesitados en el mundo entero. Para colaborar en esta tarea
importantísima no hay que dudar en elegir a las personas más capaces
y de vida más íntegra, porque de ello depende en buena parte un
futuro prometedor para la Iglesia.
Conozco la previsión de vuestra Conferencia Episcopal, donde se ha llevado
a cabo un reciente estudio sobre la tendencia de las vocaciones en Argentina.
Es consolador constatar que, en determinados aspectos, hay un incremento, pero
el dato de que disminuyan en proporción al aumento de la población
os debe estimular a redoblar los esfuerzos para preparar el porvenir eclesial
de cada diócesis.
8.
Queridos Hermanos: termino este encuentro esperando que os llevéis el
aliento y el apoyo del Papa para continuar en la sacrificada y, a la vez, gozosa
entrega a la Iglesia y a la sociedad donde ejercéis vuestro ministerio.
Conozco las dificultades que vosotros y vuestros colaboradores afrontáis
cada día. Pero Cristo Jesús, modelo perfecto del Pastor, os dará
la fuerza para el servicio fiel y la paz de la conciencia en la perseverancia,
"expectantes beatam spem et adventum Salvatoris nostri Jesu Christi"
(Ordinario de la misa, preparación a la comunión).
Os pido que llevéis a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas,
a los seminaristas, a los miembros de los movimientos eclesiales y laicos comprometidos
en la misión de la Iglesia, así como a todo el pueblo fiel, el
saludo del Papa y la seguridad de su oración por ellos, para que cada
uno persevere en la fe y se afiance en el camino de la vida cristiana y en el
propósito del amor solidario universal.
A todos vosotros, a todo el querido pueblo argentino, especialmente a quienes
más sufren en este momento de dolorosa prueba, imparto con afecto la
Bendición Apostólica.
Agradecemos a
AICA,
Agencia Católica Argentina de Noticias
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