1. La Iglesia misterio de comunión
La Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos (1985) celebrada a los veinte años del Concilio Vaticano II, nos recuerda que la eclesiología de comunión es la idea central y fundamental del pensamiento conciliar. La koinonia, comunión fraterna, tal como la presenta el Libro de los Hechos, era la característica primordial de la Iglesia primitiva. El Concilio Vaticano II, volviendo a las fuentes, ha centrado su enseñanza para que la Iglesia fuera concebida más claramente como un misterio de comunión y de participación, y para que el Pueblo de Dios se nutra profundamente de ese misterio.
La realidad de la Iglesia-Comunión es entonces parte integrante, más aún, "representa el contenido central del misterio" o sea del designio de salvación de la humanidad. Por esto la comunión eclesial no puede ser captada adecuadamente cuando se la entiende como una simple realidad sociológica y psicológica. La Iglesia-Comunión es el pueblo "nuevo" que tiene a Cristo por Cabeza..., como condición la dignidad y libertad de los hijos de Dios..., por ley el nuevo precepto de amar como el mismo Cristo nos ha amado..., por finalidad el Reino de Dios..., y es constituido por Cristo en comunión de vida, de caridad y de verdad". (Ch. L. 29)
La Acción Católica
en cuanto realidad eclesial, con su originalidad e identidad propias, para
ser fiel a sí misma, debe continuamente profundizar en esta vivencia
comunional, convencida de que está enviada a realizar esa comunión;
sólo así será Acción Católica.
2.1 El fiel laico en el hoy de la comunión eclesial.
"La comunión eclesial se configura, más precisamente, como comunión orgánica", análoga a la de un cuerpo vivo y operante. En efecto, está caracterizada por la simultánea presencia de la diversidad y de la complementariedad de las vocaciones y condiciones de vida, de los misterios, de los carismas, y de las responsabilidades. Gracias a esta diversidad y complementariedad cada fiel laico se encuentra en relación con todo el cuerpo y le ofrece su propia aportación". (Ch. L. 20) (Nota 1)
En la misión hay lugar, entonces, para todos y para todas las formas apostólicas compatibles con el "Sensum ecclesiae"; desde las formas personales de participación que permiten una irradiación evangélica capilar, constante e incisiva, hasta las formas asociativas que en esos tiempos han experimentado un singular impulso con el nacimiento y desarrollo de muchos y diversos movimientos, asociaciones y grupos de fieles apostólicos.
"Podemos hablar de una nueva época asociativa de los fieles laicos... Tanta es la riqueza y versatilidad de los recursos que el Espíritu alimenta en el tejido eclesial; y tanta es la capacidad de iniciativa y la generosidad de nuestro laicado." (Ch. L. 29)
2.2 Complementariedad de las diferencias
Continúa enseñando S.S. Juan Pablo II en el número 29 de Christifideles Laici: "Estas asociaciones de laicos se presentan a menudo muy diferenciadas unas de otras en diversos aspectos, como en su configuración externa, en los caminos y métodos educativos y en los campos operativos. Sin embargo se puede encontrar una amplia y profunda convergencia en la finalidad que las anima: la de participar responsablemente en la misión que tiene la Iglesia de llevar a todos el Evangelio de Cristo como manantial de esperanza para el hombre y de renovación para toda la sociedad".
"Ante todo debe reconocerse la libertad de asociación de los fieles laicos en la Iglesia. Tal libertad es un verdadero y propio derecho que no proviene de una especie de concesión de la autoridad, sino que deriva del Bautismo, en cuanto sacramento que llama a todos los fieles a participar activamente en la comunión y misión de la Iglesia."
2.3 Lo que la Acción Católica aporta o puede aportar a la comunidad
Dentro de esa diversidad, la A.C., encuentra su lugar y su originalidad en el aporte. La Acción Católica puede y debe aportar a la comunidad eclesial una larga y variada experiencia como institución organizada para potenciar un afán apostólico en sus miembros, con una propuesta sólida de formación para la misión, de compromiso evangélico para solidarizarse con las necesidades de los hombres, según la doctrina social de la Iglesia, y de promoción de líderes para ese compromiso.
Como cuerpo orgánico, permanente y estable, la A.C. ofrece un itinerario apostólico para cada etapa de su vida, a quien aspire desarrollar a pleno su vocación laical hacia la santidad. La Acción Católica se ha ejercitado en el discernimiento y en el juicio cristiano vividos en grupo y con sentido de grupo. Ha vivido, a veces con paciente esfuerzo, el desarrollo de relaciones interpersonales y puede ofrecer un extendido tejido de articulaciones en regiones, en diócesis, en parroquias, en lugares de servicio y de misión.
La Acción Católica
ha trabajado para potenciar el funcionamiento de estructuras pastorales
de corresponsabilidad y participación que expresen la comunión
de la Iglesia y puede ofrecer su constante disponibilidad para cooperar
fraternalmente en la Iglesia con las demás formas de apostolado.
Finalmente, la Acción Católica,
como asociación que se abre a todos aquellos que acepten sus fines
y programas apostólicos, ofrece su dinámica asociativa flexibilizada
para asumirla variedad de situaciones y condiciones de vida laical, en
la diversidad de compromisos requeridos por una comunidad concreta ya sea
parroquial o social.
3.1 La acción pastoral de la Iglesia
"Que todos sean una sola cosa, como Tú, Padre en Mi y Yo en Ti, que también ellos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste". (Jn. 17, 21).
La pastoral eclesial es una propuesta que el mundo recibe de modo creíble cuando es presentada por quienes viven y participan ellos mismos en un vínculo de unidad comunional.
La comunidad, unida en tomo a los pastores elegidos por Cristo, es la portadora de la misión y el sujeto de la actividad pastoral. Esto es: todos - obispos, sacerdotes, religiosos y laicos- son corresponsables de la misión; son además responsables de ella solidariamente, en cuanto todos ellos, cada uno a partir de su actividad propia y diferenciada, contribuyen orgánicamente a una misma idéntica misión.
Para hacer operante a la comunidad en su conjunto, hace falta que se genere entre sus integrantes un tal sentido eclesial, que la preocupación por la edificación, plantación y proyección apostólica de la Iglesia, ya no sea experimentada sólo por el pastor responsable de ella, sino por una cantidad creciente de fieles que colaboren con él. (Nota 2)
Generar y vivir ese "sentido de Iglesia", así como trabajar por la formación cristiana de las conciencias (AA 20 a) en orden a vivir mejor la responsabilidad laical, es un típico servicio que debe cumplir la Acción Católica en la vida de la comunidad.
3.2 La Pastoral orgánica en la Argentina
La Iglesia en la Argentina,
por medio de sus pastores, luego de un maduro proceso de estudio y de consulta,
ha hecho su opción en la Asamblea Episcopal del 25 de Abril de 1990:
"Ahora aprobamos con alegría estas
"Líneas pastorales para la nueva evangelización" y nos comprometemos
a impulsar y animar su puesta en práctica, con el convencimiento
de que recogen y expresan un amplio consenso eclesial y que son capaces
de orientar, en nuestra patria, una misión evangelizadora nueva,
más orgánica y vigorosa."
"Las proponemos como puntos esenciales, tanto de la enseñanza como de la acción de la Iglesia, de manera que todos los agentes pastorales hemos de sentirnos guiados e impulsados por ellas, para provocar el protagonismo de cada bautizado y evangelizar más hondamente a nuestro pueblo. Sin constituir propiamente un Plan Nacional de Pastoral, servirán para revisar la actividad eclesial y para inspirar la planificación de las diócesis, sectores, asociaciones y movimientos, en orden a afianzar un sentir y actuar común en todas las iglesias particulares." (Líneas CEA. 5) (Nota 3)
3.3 Espacios de búsqueda, programación y participación
Para recorrer un proceso pastoral orgánico y conjunto, es necesario que existan en el seno de la comunidad eclesial ciertos espacios de participación donde pastores y fieles, cada cual respetando su propia índole, busquen, indaguen, imaginen los caminos y las modalidades de evangelización, y donde se programen y decidan orientaciones y acciones pertinentes.
Todo ello atendiendo, los varios ámbitos en los que se realiza la evangelización: ámbitos territoriales,... mundos y fenómenos sociales nuevos,... y áreas culturales o areópagos modernos... (Redemptoris Missio 37).
En este escenario eclesial es donde se insertan, como instrumentos indispensables, diversos organismos, cada uno con su finalidad específica, ya de consulta o decisión, ya de coordinación, ya de promoción y servicio, tales como los consejos de Pastoral, Juntas Coordinadoras, Organismos de promoción Laical, etc. (Nota 4)
3.4 La Acción Católica en la Pastoral Orgánica
La Acción Católica no puede desentenderse de participar en la promoción, animación y ejecución de una pastoral orgánica en el seno de su comunidad eclesial. Debe empeñarse, tanto a nivel institucional como a nivel de cada uno de sus miembros, para vivir en carne propia una espiritualidad comunional y participativa, siendo así propulsora y protagonista de todas las etapas que transita una comunidad para desarrollar y consolidar aquel estilo pastoral.
La participación de la AC no se reduce a ayudar o apoyar la pastoral orgánica por simple disciplina, como un agregado a lo suyo, porque estrictamente no existe "lo suyo" si no se alcanza dentro de un accionar comunitario y participativo. Para ello procurará participar activamente en los organismos pastorales de una manera entusiasta y creativa, sin buscar espacios de prestigio o de preferencia, sino para servir como compete a su identidad dentro del conjunto de asociaciones y movimientos laicales.
La Acción Católica tiene su lugar dentro de este espectro, ni superior ni inferior; sino específico, en razón de características propias asignadas por sus notas constitutivas. En este sentido, la Conferencia Episcopal Argentina ha dado una pauta rectora al disponer la presencia permanente de la Acción Católica en su Departamento de Laicos (DEPLAI), por medio de la participación de derecho del presidente nacional de la AC., no por una razón de privilegio frente a otras Instituciones o Movimientos laicales, sino por considerar que la AC., por naturaleza, debe estar al servicio de las iniciativas pastorales orgánicas de orden nacional que tengan que ver con la promoción y desarrollo del laicado.
Insertarse activa y vitalmente
en la pastoral de su comunidad (parroquial, diocesana o nacional) debe
ser, por lo tanto una de las preocupaciones permanentes de los dirigentes
responsables de conducir la Institución.
El fiel laico "no puede jamás cerrarse sobre sí mismo, aislándose espiritualmente de la comunidad; sino que debe vivir en un continuo intercambio con los demás, con un vivo sentido de fraternidad, en el gozo de una igual dignidad y en el empeño por hacer fructificar, junto con los demás, el inmenso tesoro recibido en herencia. El Espíritu del Señor le confiere, como también a los demás, múltiples carismas; le invita a tomar parte en diferentes ministerios y encargos; le recuerda, como también recuerda a los otros en relación con él, que todo aquello que le distingue no significa una mayor dignidad, sino una especial y complementaria habilitación al servicio (...)De esta manera, los carismas, los encargos y los servicios del fiel laico existen en la comunión y para la comunión. Son riquezas que se complementan entre sí en favor de todos, bajo la guía prudente de los Pastores." (JP II. Homilía de clausura del Sínodo sobre los laicos, del 30 de Octubre de 1987)
Aún antes del Concilio, hace ya muchos años, Pío XII señalaba casi dramáticamente: "Cuando advertimos por una parte, el fervor de tantas empresas en las que nadie se detiene, nadie desfallece, nadie se reserva y, por otra parte nos vemos obligados a reconocer la pobreza de los resultados obtenidos en relación con lo que cabria esperar de un empleo tan considerable de energías y una abnegación tan grande, no podemos menos de preguntarnos si no actuamos quizá demasiado solos, demasiado aislados, demasiado faltos de los medios necesarios. Quien sabe, queridos hijos, sino convendría tal vez revisar el trabajo apostólico a la luz de los principios que rigen toda justa colaboración."
También la constatación de estar viviendo en una sociedad en rápido cambio, con todos los problemas que esto genera, lleva a una apreciación concurrente con la anterior, al descubrir la vigencia de nuevas realidades, nuevos sectores sociales, o nuevas dimensiones en los sectores ya conocidos, que necesitan una atención pastoral específica; baste ver cómo irrumpen + con una presencia incontenible los poderosos medios masivos de comunicación y cómo se verifica la agudización de problemas cada vez más complejos que amenazan con desarticular las comunidades básicas de la vida social tales como la familia, la convivencia vecinal (inseguridad), etc.
Esta opción de la Iglesia en Argentina recoge toda la experiencia de un largo camino que tuvo su inicio en el inmediato post-Concilio, con aquella Declaración conjunta del Episcopado Argentino de Mayo de 1966 que expresó:
"Queremos disponer el estudio de la realidad argentina, orientada hacia la planificación de una pastoral de conjunto". En ese momento, comenzó un derrotero no exento de altibajos y de dificultades que llega hasta nuestros días con valiosas experiencias y concreciones tales como las prioridades pastorales Matrimonio y familia (1975/80) y Juventud (1980/ 85), cuyos logros consolidan y enriquecen la vida apostólica en la Argentina.
La Acción orgánica en una pastoral de conjunto puede dar adecuada respuesta al desafío de promover la participación de todos los laicos en la Nueva Evangelización siendo -antes que una estructura pastoral fija, cristalizada, inamovible- un marco, una óptica, una visión, un espíritu que anime a todos los fieles a ser portadores de la Buena Nueva. Esa acción orgánica se revelará como la mejor manera de prestar el servicio evangelizador con la nota distintiva de la Solidaridad, que en tanto se haga hábito en el hombre, será penetrado por la Caridad. (1 Cor., 13, 8 C.A. 15)
"En este sentido, el reciente Sínodo de 1987 ha solicitado que se favorezca la creación de los Consejos Pastorales Diocesanos, a los que se pueda recurrir según las ocasiones. Ellos son la principal forma de colaboración y de diálogo, como también de discernimiento, a nivel diocesano. La participación de los fieles laicos en estos Consejos podrá ampliar el recurso a la consultación, y hará que el principio de colaboración -que en determinados casos es también de decisión- sea aplicado de un modo más fuerte y extenso. " (Ch. L. 25)
"La indicación conciliar respecto del examen y solución de los problemas pastorales con la colaboración de todos, debe encontrar un desarrollo adecuado y estructurado en la realización más convencida, amplia y decidida de los Consejos Pastorales Parroquiales, en los que han insistido, con justa razón, los Padres Sinodales." (Ch. L. 27)
El Documento de Puebla se refiere ampliamente a estos temas; baste citar 807-808-809: "La diversidad de formas organizadas del apostolado seglar exige su presencia y participación en la pastoral de conjunto, tanto por la naturaleza misma de la Iglesia, misterio de comunión de diversos miembros y ministerios, como por la eficacia de la acción pastoral con la participación coordinada de todos.
Se requiere la participación del laicado no sólo en la fase de ejecución de la pastoral de conjunto, sino también en la fase de planificación y en los mismos organismos de decisión.
Su inserción en la
pastoral de conjunto asegurará la necesaria referencia de las formas
organizadas de apostolado laical a la pastoral dirigida a las grandes masas
del Pueblo de Dios."
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Jóvenes de Acción
Católica Argentina
Arquidiócesis de Rosario
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