6. La mística del servicio en la Acción Católica

          La Acción Católica tiene que profundizar el ardor por el anuncio del Evangelio, mensaje de salvación para un mundo que de otro modo caería en el secularismo y la desesperanza.

          "Ciertamente la Acción Católica ama al mundo, pero con un amor que recibe inspiración en el ejemplo de Cristo. Su modo de servir al mundo y de promover los valores del hombre consiste primariamente en evangelizar, en coherencia lógica con la convicción de que en el Evangelio se encierra el poder más estremecedor, capaz de hacer verdaderamente nuevas todas las cosas". (Paulo VI, 25 de Abril de 1977)

          La mística espiritual que anima al miembro de Acción Católica tiene que inspirarse en orientaciones como la citada de Paulo VI, que lo lleve a ser protagonista gozoso y esperanzado de un incansable diálogo evangelizador con el hombre y con el mundo, que se acerque a ellos amorosamente como lo hizo Cristo para impregnarlo todo con la vida en el Espíritu.

      6.1 Llamados a la Santidad

          La primera señal distintiva o propia de la identidad del miembro de Acción Católica es el conocimiento claro y aceptación plena de su vocación a la santidad.

          Su vida personal debe ser un crecimiento en la santidad, que arranca del compromiso bautismal y tiende a hacer posible la presencia de Cristo en los hombres y en la historia; su vocación es siempre, en definitiva, una vocación a la santidad, cualquiera sea su profesión, actividad o ubicación en la sociedad, santidad que consiste en la progresiva configuración con Cristo: ser plenamente cristiano a los ojos del Padre y a los ojos de los hombres.

      6.2 Vocación al Apostolado

          Surge así una segunda señal del miembro de AC: su vocación apostólica. Precisamente el reconocimiento de esta vocación y la aceptación del llamado a dar testimonio de vida y de palabra para adelantar el advenimiento del Reino, es clara condición de su identidad.

          Para ello responde generosamente, brindándose en plenitud y poniendo al servicio de la Institución sus mejores aptitudes; consciente de que su compromiso con ella es para toda la vida, adecuando con realismo y generosidad su participación en la dinámica institucional según las diferentes posibilidades que te permiten sus responsabilidades familiares, laborales y de realización personal.

      6.3 Presencia Evangélica en lo Temporal

          El miembro de AC está llamado a impregnar del espíritu evangélico las estructuras de la vida social, mediante la presencia activa y asumiendo opciones válidas en los diversos ambientes, comunidades, sociedades intermedias del tejido social donde le toque actuar.

          La presencia de un laico cristiano, y más aún el de un miembro de la Acción Católica, no se va a caracterizar por 'hacer obras". Esto va a venir solo si se empieza por lo fundamental: lo propio del laico es la renovación de los ambientes desde el Evangelio, o sea, dar vida en el Espíritu al contexto cultural en que se vive. Esto es lo que se llama animación espiritual, porque es justamente lo que el laico aporta: un nuevo espíritu.

          A través de esta presencia, debe ser testigo de una humanidad nueva, nutriendo su imaginación con el dinamismo del Evangelio, dando ejemplo de sacrificio generoso, de Espíritu de fraternidad, procurando abrir a Cristo las puertas del corazón de los hombres y las culturas de los pueblos.
      Las Líneas Pastorales para la nueva Evangelización de la CEA hacen un apremiante llamado a la presencia en el plano temporal, señalando la conveniencia de que los que se sientan capacitados no rehuyan ocupar puestos de responsabilidad con verdadero espíritu de sacrificio, abordando el difícil quehacer de las opciones posibles en lo social, educacional o político, cumpliendo con la consigna evangélica de ser sal, luz y levadura de las estructuras humanas.

      6.4 Conciencia Laical

          El miembro de AC es un hombre o mujer que vive en el mundo, que en ningún momento ha de perder el sentido de su propia condición laical, sino, por el contrario, asumirá de manera personal y en el mayor grado posible todo lo que es propio y peculiar del seglar.

          Es importante que para ser más hombre o más mujer haga fructificar al máximo los talentos recibidos; cada uno según sus aptitudes y vocación humana debe contribuir con una determinada tarea, con un trabajo específico a la común empresa de dominar la tierra según el mandato divino.

          El miembro de AC, como todo laico, vive en el mundo pero sin ser del mundo; es quien realiza una tarea inmediatamente temporal, pero no definitivamente temporal, porque todo su accionar se mueve en un ámbito de trascendencia, sea en su casa, oficina, escuela, fábrica o negocio. En la medida que sea fiel a su vocación allí donde vive y trabaja irá buscando su santidad.

      6.5 Sentido Eclesial y Espíritu Comunitario

          Si bien cada miembro brinda su testimonio y evangeliza su propio ambiente, siendo irremplazable en el sitio donde el Señor lo puso, no está solo. Esta inmerso en la comunión eclesial.

          Por ser miembro de la AC, sabe que está integrado en un "Todo, que es más que la suma de las partes"; en el cual todos "trabajan unidos a la manera de cuerpo orgánico, de forma que se manifieste mejor la comunidad de la Iglesia y resulte más eficaz el apostolado"

          La vida en el seno de la organicidad exige la existencia de espíritu de cuerpo y sentido de unidad, no de una unidad superficial y externa, sino de una unión profunda alimentada por la caridad, que hace realidad la oración de Jesucristo: "que todos sean uno para que el mundo crea". Por tanto, el miembro vive plenamente la comunión eclesial con todos sus hermanos; es consciente y participa de su inserción en un organismo parroquial de AC, diocesano o nacional, en el que existe una estrecha y leal vinculación espiritual y de voluntades; no se siente aislado ni desprotegido, sino siempre fortalecido por lo que los demás miembros de la Institución hacen por él, aportando a su vez lo mejor de sí en apoyo de ellos.

      6.6 Disponibilidad

          La vinculación de la AC con la Jerarquía no es genérica, sino propia y singular; es una vinculación directa, inmediata, estrecha, especial.

          Esa relación directa con sus pastores enriquece a la AC, y por tanto a sus miembros, porque siendo la Jerarquía el principio de comunión, la mayor aproximación a ella infunde una conciencia más viva de la función a cumplir en la Iglesia y en el mundo, y debe vivirse con una plena disponibilidad para asumir los estilos y programas pastorales de la Iglesia particular y de la parroquia, en su caso.
      En esta disponibilidad del miembro de A.C. se realiza esa maravillosa comunión entre los bautizados, ministros, fieles, -comunión de fe y de amor-, por la cual el Espíritu Santo anima, hace crecer, gobierna y expande el Cuerpo de Cristo.

          Mediante la disponibilidad a las necesidades de la Iglesia, el miembro de A.C.:

                  - no espera privilegios, sino que se brinda para servir;
                  - no busca el primer lugar, sino que acepta el que se le propone, según las necesidades de cada
                      tiempo y cada ambiente.
       


      7. Ministerio Sacerdotal y Acción Católica

      7.1 Relación de la AC con los sacerdotes y seminaristas

          Por todo lo expuesto se deduce la íntima relación de la AC, en cuanto institución de Iglesia, con el ministerio ordenado.

          No se trata de afirmar que todo sacerdote debe empeñarse con la Institución, ni de pretender que en su acción ministerial se concentre en la AC, porque en el servicio pastoral no hay distinción de sectores ni parcialidades; se es sacerdote para todos.

          Se trata simplemente de esperar de todo sacerdote que considere la AC y la acoja como lo pide el Concilio y el más reciente Magisterio Pontificio, tal como se ha venido citando.

          En tal sentido resultan ilustrativas las ya mencionadas reflexiones que el Card. Carlo Maria Martini dirigió el 10 de junio de 1982 a los decanos del presbiterio de su Arquidiócesis de Milán, complementadas por mayores precisiones el 15 de junio de 1991, luego de conocida la Exhortación Christifideles Laici:

          "Con la cuarta tesis comenzamos a hablar del sacerdote: es claro que ahora un sacerdote dedicado al servicio de una Iglesia particular, a través de su destino diocesano, no puede no tener en su corazón el suscitar estas vocaciones, estas energías y esta colaboración."

          Agrega más adelante: "El sacerdote debe tener en su corazón la suscitación de todas las vocaciones: a la vida claustral, al servicio de los enfermos de SIDA, etc., pero como propiamente es el colaborador del Obispo para esta figura de Iglesia que se va haciendo, asumiéndola en su totalidad, debe preocuparse de este tipo de vocaciones, que es diversa de las otras, y debe hacer, por consiguiente, que emerjan, que se configuren siempre mejor, que tomen conciencia de sí y sean ejercitados en la acción."
      "Existe un camino para la formación de los laicos al servicio de la Iglesia particular con esta mentalidad, con esta vocación y con esta preocupación específica".

          La respuesta es afirmativa: este camino es institucionalmente asumido por la Acción Católica". (Milán, 15 de junio de 1991).

          Los que se preparan a la vida sacerdotal deberían tener oportunidad, desde el comienzo de su formación, de conocer la índole vocacional y eclesial de la AC.

          El cultivo de una fecunda interrelación de la AC con sacerdotes y seminaristas se deberá basar, entonces, en una visión de conjunto del laicado donde se valorice la funcionalidad de la vocación laical a la AC dentro de ese conjunto, y se la ubique como elemento valioso para el propio ministerio pastoral.
      7.2 Rol del Asesor en la Acción Católica

          Algunos sacerdotes son asignados por el Obispo a trabajar pastoralmente en la AC como Asesores.
      Se puede sintetizar el rol del Asesor en la Acción Católica, siguiendo los conceptos emitidos por SS Juan Pablo II en su alocución a los Asesores de la AC Italiana el 23 de junio de 1987.

          - Misión ante todo sacerdotal, encaminada a educar en la Fe y a hacer crecer en la vida interior a todos los militantes. Su tarea principal es ayudar a vivir la primacía de lo espiritual, es decir de la oración, de la escucha religiosa de la Palabra de Dios, de manera que los miembros de la Acción Católica respondan con alegría y generosidad, según el Evangelio, al llamado a la santidad y a su misión específica.

          - Los Asesores están llamados a hacer presente y efectiva en las Asociaciones la solicitud pastoral del obispo.

          - Acompañar a cada miembro en el camino hacia la "madurez cristiana", impulsándolo al compromiso con 10 temporal.

          Brindar luz y fuerza espiritual para que el miembro asuma con tenacidad su formación y el apostolado laical.

          - Promover el espíritu de unidad dentro de la Asociación, y en la relación de ésta con las demás.

          El servicio que se espera del Asesor es, por lo tanto, eminentemente pastoral: maestro de la Fe, guía espiritual hacia la santidad, artífice de la comunión eclesial en torno al obispo y acompañante amigable y respetuoso en la maduración de cada miembro, en el compromiso laical y evangelizador.
      Ejerce, en cuanto pastor, la dirección superior al orientar el rumbo y convocar a la comunión, pero no se constituye en dirigente de la Institución, servicio que corresponde a los laicos, y tampoco se reduce a ser un mero capellán para la celebración litúrgica y el pensamiento espiritual.
        


      del "Proyecto Institucional de la Acción Católica Argentina"
      sección "La Acción Católica en la Comunidad Eclesial"
      Editado por el Equipo Nacional de Publicaciones
      del Consejo Nacional de A.C.A.


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