Una vez un hombre se levantó por la mañana, pero como era tarde no encontró tiempo para agradecer a Dios por la mañana, y dijo que lo haría en el auto, pero sonó su celular, había un gran atascamiento de autos y además iba desayunando, por lo que tampoco encontró tiempo para agradecer en el auto y pensó en hacerlo al llegar a la oficina.
Llegó a su oficina pero entre las juntas, las llamadas, los e-mails y los compromisos no encontró el tiempo para agradecer y pensó hacerlo en el almuerzo. A esa hora unos compañeros le invitaron a almozar fuera y pensó en hacerlo cuando volviera, pero recordó que tenía una junta toda la tarde y parte de la noche.
Al llegar estuvo tan cansado que cayó rendido en su cama y pensó en agradecer la mañana siguiente, la cual no llegó pues tuvo un paro cardíaco durante la noche.
Este hombre llegó al cielo a pedir que lo dejaron entrar pero un ángel que custodiaba la puerta lo buscó en el libro de la vida y le dijo: "Lo siento pero no puedes entrar, es que hemos estado muy ocupados y no tuvimos tiempo para inscribirte".
Pues ésta es una historia que se adapta a nuestros tiempos modernos, cuántas veces en este mundo acelerado ni siquiera vamos al templo pues según nosotros "cualquier esquina es buena para agradecer a Dios", mas sin embargo parece que vivimos en estructuras redondas, ya que nunca hay "una esquina" disponible para agradecer a Dios.
¿Tienes tiempo? o mejor dicho...
¿Tratas siquiera de encontrar ese tiempo?
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