Oración para después de la Comunión
 
 

Traspasa, Jesús mío, dulcísimo Señor,
de parte a parte mi alma con el dardo suavísimo y saludable de tu amor,
de manera que mi alma se consuma sin cesar en el deseo de solo Tú,
que suspire por Ti, que desfallezca al solo pensar en tu amor,
y que no anhele más que unirse a Ti.

Haz que sienta deseos de Ti, que eres el pan de los ángeles,
el alimento de los santos, el pan cotidiano y vivo bajado del cielo
que encierra toda dulzura y suavidad.

Señor, a quien los ángeles desean contemplar eternamente:
que mi corazón tenga siempre hambre de Ti y que te coma sin cesar;
que tenga siempre sed de Ti, fuente de vida, de sabiduría y de ciencia,
torrente de delicias, abundancia de la mansión de Dios;
que no tenga más ambición que buscarte, hallarte y poseerte,
que no piense más que en Ti, y que lo haga todo por la gloria de tu Nombre
con humildad y discreción, con amor y placer, con facilidad y gusto
y con perseverancia que dure hasta el fin.

Que seas siempre mi esperanza y mi confianza, mi riqueza y delicia,
mi placer y mi júbilo, mi paz y mi dulzura, mi sustento y comida,
mi refugio y mi socorro, mi sabiduría y mi herencia,
mi tesoro y todo mi bien.

Que sólo en Ti, Jesús, mi espíritu y mi corazón
estén siempre fijos, clavados e inquebrantablemente arraigados.

Amén.



 
 

aporte de Mary
ACA - Rosario



Jóvenes de Acción Católica Argentina 
Arquidiócesis de Rosario 
Volver a página principal                                                                    E-mail: poraccioncatolica@yahoo.com.ar