El año litúrgico que estamos transitando (que empezó
con la festividad de Cristo Rey), nos marca el inicio de la cuaresma el próximo
5 de Marzo.
El año litúrgico nos ofrece la fiesta, el acontecimiento; el año civil, la fecha.
Una cuaresma un tanto tardía, por cierto, pero siempre nueva y rejuvenecida por la Madre Iglesia es la que nos vamos disponiendo a celebrar y vivir lo mas intensamente que podamos.
Somos un pueblo caminante, en marcha, porque no en diáspora, cuya carta de ciudadanía pertenece a un Reino del cual descendemos y hacia el cual, en marcha, ascendemos...
El ascenso, lo que sube, lo que crece, tiene que ver con la vida, no hay verdadera vida si no hay ascenso, crecimiento...
Tal vez la imagen más fiel de esta realidad es la experiencia del Champaquí (te recomiendo que lo hagas).
Un pueblo que "asciende", que crece, es un pueblo en marcha, es un pueblo tenaz, dispuesto y fiel a un designio que no siempre está en posición de entender, pero si de cumplir.
El nuevo Pueblo de Dios, es decir, cada uno de nosotros, transitamos nuestra propia vida, vida que tiene poco de lujos y mucho de desierto...
Jesús, hombre habituado al rigor del desierto (pensemos que la geografía de Israel es desértica), elige este ámbito duro, desolado y seco para iniciar su ministerio.
Este hecho es el que conmemoramos en la cuaresma.
Para allá se encamina Jesús, entonces, iniciando su cuaresma, previamente pasando por las aguas del Jordán, donde su primo, el último de los profetas y el más grande varón nacido de mujer, lo sumerge (de aquí el significado de "bautismo") obedeciendo la voluntad, mas que necesidad, de Cristo.
Vivir la cuaresma no es un mero recuerdo de situaciones evangélicas, la Iglesia tiene una palabra muy fuerte que bien se puede aplicar en este caso, se llama MEMORIAL, que no se trata de " recordar" un hecho histórico, sino más bien de "actualizar” ese hecho histórico.
Esta idea de memorial tiene su culmen en la Santa Misa, donde no sólo recordamos sino vivimos, re-presentamos en el aquí y ahora aquello que una vez y para siempre sucedió.
Por lo tanto, es menester (como bien dice un amigo mío) hacer memorial de nuestra cuaresma, actualizarla y testimoniarla en mi realidad.
Necesito hacer presente y operante aquella única cuaresma de Jesús que le dio sentido a todas las cuaresmas, incluida esta.
¿De que me servirá pensar en el sufrimiento de Cristo en el desierto si no tiene este hecho fuerza para cambiar mi vida?
Si la cuaresma no me ofrece un proyecto y un sentido para mi vida, ¿de que me sirve no comer carne el Viernes Santo?
Para cumplir con la ley ya tenemos a los fariseos, el fariseo conoce hasta el escrúpulo la ley, el cristiano, en cambio, conoce el "espíritu" de la ley, lo que le da vida.
Tenemos, muchas veces, título de cristianos y mentalidad de fariseos...
El auténtico "cumplimiento" es hijo del amor, si no, es puro legalismo.
Entonces la cuaresma no es un periodo para cumplir, sin más, ciertas normas que me "impone" la Iglesia para hacerme mas bueno, sino que se trata de entender el porque de dichas normas y en consecuencia, llevarlo a mi vida.
Será por aquello de que nadie ama lo que no conoce...
La Iglesia nos propone 3 formas distintas de vivir la cuaresma, 3 maneras que me permiten ponerme a tono con la circunstancia, las clásicas ORACIÓN, PENITENCIA Y LIMOSNA.
Estas 3 forman, en cierta manera, una especie de base o armazón ascético, indispensable para todo aquel que quiera tomarse su vida en serio.
Un sano y prudente ascetismo es condición para acercarme a un Cristo manso, pobre y obediente (palabras estas inentendibles para nuestra sociedad hedonista pero que, vaya paradoja, son la condición para una personalidad fuerte y madura), ¿o se creen que Cristo era una señorita...?
Es sabido que un sano ascetismo no se vive sólo en la cuaresma, pero es este tiempo especial para profundizarlo o empezarlo de una vez.
Vivir la cuaresma es vivir con los sentimientos de Cristo, es descubrir, a través de la penitencia y la oración, las facetas de Jesús que aún no he descubierto, por muchos retiros que haya hecho.
Vivir la cuaresma es empezar a vivir intensamente mi cristianismo, es iniciar una marcha sin vuelta atrás, es encender una mecha que nada ni nadie podrá apagar.
La cuaresma nos ofrece fortalecer nuestra espiritualidad y nuestro apostolado
para el "mar adentro", porque necesitamos un cristianismo de "militantes",
que contrarreste un cristianismo "liberal", que no se compromete
ni con nada ni con nadie, eso si, va a misa todos los Domingos...
Es tiempo de un cristianismo de conquista, no de retaguardia...
La cuaresma es un ejercicio formativo-espiritual que me prepara a vivir y palpitar ese cristianismo evangélico.
Si tengo que aumentar la oración en la cuaresma, será porque en la oración encuentro la oxigenación de mi alma, será porque de esta manera favorezco un "encuentro" con el Señor que salva. Si no me he encontrado con Cristo, mi cristianismo es tambaleante...
Si tengo que aumentar la penitencia será porque el sacrificio corporal refrena mis antojos, mis títulos, mis aires de grandeza, es decir, el sacrificio le pone freno a mi sensibilidad desordenada, aquí está el valor " educativo" de la privación.
En la cuaresma nos entrenamos corporal y espiritualmente para hacer frente "precisamente" a los conflictos que atacarán el cuerpo y el alma, nuestro propio ser.
Si tengo que aumentar, en fin, mi limosna, ya sea con mi dinero o con mi tiempo (si no es con ambos), debe ser porque nadie es tan pobre que no tenga nada para dar, debe ser que el amor se demuestra con obras..." obras son amores y no buenas razones"...
Acompañemos, entonces, al Señor al desierto en estos 40 días, entremos con El al desierto cuaresmal para vencer con El las tentaciones del maligno, juntémonos con El a rezar, a meditar, a leer la Palabra.
Juntémonos con El en nuestro desaliento, en nuestro cansancio ya que El brinda, según dijo, una carga suave y ligera.
Que este "estar” con Jesús sea el signo fuerte de esta cuaresma.
Que este "estar" junto a Jesús me ayude también a entrar al desierto de mi propia vida, a esas zonas áridas y secas de mi personalidad que necesitaré trabajar y poner a punto en esta cuaresma.
La cuaresma es, finalmente, tiempo de espera, espera de la RESURRECCIÓN, esta es su meta, su ideal y su norte, la cuaresma está como "imantada" hacia la Resurrección. La Pascua es, en definitiva, su sentido más profundo.
Sin Pascua, no hay cuaresma...
Sin Resurrección, no hay vida...
Hasta acá mi reflexión, espero que estas ideas te sean útiles para tu vida, te sirvan para encarar una cuaresma con toda la fuerza y empuje que tanto necesitamos y necesita nuestra Madre Iglesia. ¡¡ ALABADO SEA JESUCRISTO!!
Agradecemos
este aporte a
Ariel Kil
de la JAC de Rosario
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