Salvavidas o Yate de Dios

 

Predicaba a un grupo de personas adultas, sobre cómo Dios es mucho más de lo que nosotros esperamos de El, sin embargo no recurrimos a El como debiéramos.

Ponía el ejemplo de una persona en altamar, quien se está ahogando y en medio del temor clama por un salvavidas que le permita mantenerse a flote y no morir. En ese momento pasa un yate y le arroja dicho salvavidas, el cual le puede mantener a flote mientras el yate le rescata.

¿Acaso ese hombre agradecería y querría quedarse con el salvavidas sin subir al yate?

Pues bien, muchos de nosotros pasamos nuestra vida pidiendo a Dios salvavidas, y una y otra vez pedimos que nos manden uno, pero no deseamos subir al yate de Dios. Preferimos estar a flote apenas sobreviviendo a nuestros problemas, dejando de lado la gran oportunidad de servir a Cristo y entregarle nuestras vidas.

Nos dedicamos a clamar a Dios para que nos ayude, pero no para que nos rescate. Y cuando sentimos que tenemos algo que nos mantenga a flote, nos olvidamos de Dios, dejando de lado nuestra misma salvación.

Si te encuentras atribulado y en medio de problemas, dudas y temores. Levanta tu vista al Cielo, clama y no pidas un salvavidas, pide un yate y atrévete a seguir el camino no flotando a la deriva, sino guiado por el Capitán por excelencia, aquel que calla al trueno y a la tormenta y a quienes éstas obedecen. El poderoso y omnipotente. Cristo Jesús.

Arturo Quirós Lépiz


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