Oraciones franciscanas


"D E T E N E R S E"

¡Qué bueno es detenerse...! 
Señor, me gustaría detenerme 
en este mismo instante. 
¿Por qué tanta agitación? 
¿Para qué tanto frenesí? 
Ya no sé detenerme. 
Me he olvidado de rezar. 
Cierro ahora mis ojos. 
Quiero hablar contigo, Señor. 
Quiero abrirme a tu universo, 
pero mis ojos se resisten 
a permanecer cerrados. 
Siento que una agitación frenética 
invade todo mi cuerpo, 
que va y viene, se agita,
esclavo de la prisa. 
Señor, me gustaría detenerme 
ahora mismo. 
¿Por qué tanta prisa? 
¿Por que tanta agitación?
 Yo no puedo salvar al mundo.

Yo soy apenas una gota de 
agua  en el océano inmenso 
de tu maravillosa creación. 
Lo verdaderamente importante 
es buscar tu Rostro bendito. 
Lo verdaderamente importante 
es detenerse de vez en cuando, 
y esforzarse en proclamar que 
Tú eres la Grandeza, la Hermosura, 
la Magnificencia, que Tú eres el Amor. 
Lo urgente es hacer y dejar 
que Tú hables dentro de mí.
Vivir en la profundidad de las cosas 
y en el continuo esfuerzo por
buscarte en el silencio de tu misterio.

Mi corazón continúa latiendo, 
pero de una manera diferente. 
no estoy haciendo nada, 
no estoy apurándome. 
simplemente, estoy ante Tí, Señor. 
Y qué bueno es estar delante de Tí. 
Amén.

Padre Ignacio Larrañaga
 

ALABADO SEAS, MI SEÑOR... 

"Altísimo, omnipotente, buen Señor, 
tuyas son las alabanzas, la gloria, 
el honor y toda bendición. 
A ti solo, Altísimo, corresponden, 
y ningún hombre es digno de hacer 
de ti mención. 

Alabado seas, mi Señor, con todas
tus criaturas, especialmente el hermano sol, 
el cual es día, y por el cual nos alumbras. 
Y él es bello y radiante con gran esplendor, 
de ti, Altísimo, lleva significación. 

Alabado seas, mi Señor, por la hermana 
luna y las estrellas, en el cielo las has 
formado luminosas y preciosas y bellas. 

Alabado seas, mi Señor, por el hermano 
viento, y por el aire y el nublado y el sereno 
y todo tiempo, por el cual a tus criaturas das 
sustento. 

Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua, 
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta. 
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, 
por el cual alumbras la noche, 
y él es bello y alegre y robusto y fuerte. 

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana 
la madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna, 
y produce diversos frutos con coloridas flores 
y hierba. 
Alabado seas, mi Señor, por aquellos que
perdonan por tu amor, y soportan enfermedad 
y tribulación. 

Bienaventurados aquellos que las soporten en paz, 
porque por ti, Altísimo, coronados serán. 

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la 
muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente 
puede escapar. 
¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!: 
bienaventurados 
aquellos a quienes encuentre en tu santísima 
voluntad, porque la muerte segunda no les 
hará mal. 

Alabad y bendecid a mi Señor, y dadle gracias 
y servidle con gran humildad." 
Amén.


San Francisco de Asís


 

San Francisco de Asís fue un hombre hecho oración, y con  esta oración  Francisco nos  abre un poco su corazón y nos muestra el eco tan grande que Dios provocaba en él a través de las cosas creadas. Todo le hablaba de El, todo tenía para él una significación divina. Las cosas en sí son mudas. Pero para quien sabe ver y oír, sobre todo usando el corazón todo le habla de Dios, o más bien, a través de todo, Dios le habla.

La alabanza es un tipo de oración que no es muy frecuente entre nosotros. Sabemos pedir por necesidades, incluso dar gracias, o pedir perdón, pero en todas estos tipos de oración nuestro "yo" ocupa el primer plano. A través de la oración de alabanza, quitamos la vista de nosotros mismos, de lo que nos falta, de lo que nos han dado, de lo que hemos hecho, y los ponemos en la grandeza de Dios.

Y esto es muy liberador, ya que si constantemente nos miramos a nosotros mismos, lo único que conseguiremos será deprimirnos.  Son tantas las cosas que nos faltan, tantos los sueños fallidos y las esperanzas que no se cumplen, son tantos los errores que cometemos, y tanto el desamor que nos rodea...

Pero cuando alabamos, levantamos la mirada y contemplamos la belleza, sabiduría, gloria y majestad de nuestro Dios, y al sabernos en sus manos, podemos experimentar una sensación de seguridad, de paz, de plenitud. Crecemos en la oración cuando en lugar de decir "yo" aprendemos a decir "Tú".

San Francisco supo caminar en su vida de fe, y llegar a una altura impresionante, porque descubrió el secreto de alabar, de abandonarse en la contemplación del amor infinito que Dios nos ofrece. 


Padre Fray Fernando Rodríguez C. O.F.M.

 


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