Dos
reflexiones sobre la mujer,
dignas de leer
y analizar a fondo...
"La
urgencia de enterarse"
Es
hombre o mujer?
Autor: Marta Rodríguez
Fuente: Mujer Nueva
Vivimos en una encrucijada histórica. De nuestra decisión y compromiso depende que seamos los espectadores o los protagonistas de la revolución que se avecina.
Los periodistas tenemos el defecto de creer que todo el mundo entiende de qué estamos hablando, e introducir a nuestros lectores en un sopor cansino e inactivo. Les aburrimos con tecnicismos desconocidos como si se tratara de una clase de matemáticas, que sólo Pitágoras, y nuestro no menos insigne maestro de turno, parecen entender. ¿Por casualidad cayó esta noticia entre sus manos?
"Con la ratificación por parte de Italia, el pasado 22 de septiembre, del Protocolo Opcional para la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación en contra de las Mujeres, se completaron las 10 ratificaciones necesarias para que el mismo entre en vigencia el próximo 22 de diciembre". http://pagina.de/noticiasglobales; http://www.puertovida.com/noticiasglobales
Aunque probablemente lo ignore, estas líneas significan algo importante en su vida. Me permito desgranarlas con usted.
La Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), nació en 1979, con el objetivo de garantizar los derechos de la mujer. (Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW))
Sin embargo, el documento permaneció como un tratado de buenas intenciones, porque los países signatarios no llegaron a un acuerdo para otorgarle poder ejecutivo. Desde 1991, la Organización de Naciones Unidas viene generando esfuerzos para introducir el derecho de recurso, de manera que cualquier hombre o mujer de los países que ratifiquen la CEDAW, pueda apelar al comité y éste actuar por encima de la legislación nacional.
Con la firma de Italia, la CEDAW ya reúne las 10 firmas requeridas para entrar en funciones en los países signatarios (Dinamarca, Francia, Austria, Bangladesh, Irlanda, Nueva Zelanda, Namibia, Senegal y Tailandia). Lo hará el 22 de diciembre de este mismo año.
¿ Afectan todos estos papeles a nuestra vida? La respuesta es "sí"; y bastante.
El texto garantiza los derechos reproductivos y la perspectiva del género. No es el objetivo de este artículo hacer un análisis exhaustivo de esta ideología, pero sí puedo mencionar, someramente a mi pesar, alguna de sus implicaciones más inmediatas:
El artículo 5.a., abre la puerta para revoluciones significativas. Como telón de fondo está la creencia de que las diferencias entre hombre y mujer son fruto de una educación diversa (son roles sociales), y no corresponden a una distinción esencial y ni tan siquiera real. Así, niños y niñas deben recibir una educación y un trato idéntico, y ha de considerarse igualmente digna la unión homosexual que la heterosexual. Quedan abolidas las diferencias entre los sexos, y se suprime todo lo que de enriquecedor y complementario tiene su convivencia.
Semejante perspectiva amenaza, además, con conducir a una reafirmación de la unión entre personas del mismo sexo, llegando a marginar la relación heterosexual. Así comienzan a oírse voces, cada vez más firmes, que reivindican que la unión lésbica es superior a la de hombre y mujer.
Se avecina, impulsada por leyes y agresivas campañas en el campo de la cultura, una revolución global sin precedentes en la historia. No conocemos cuál será su evolución ni sus resultados. Pero podemos imaginarlo echando un vistazo a lo ocurrido en siglos pasados: hasta la desarrollada cultura griega se pudrió desde dentro cuando sus protagonistas comenzaron a darse a prácticas homosexuales.
Seguramente, le gustaría que su voz tuviera peso en este complejo debate. Sobre todo si considera que serán sus hijas las que por la fuerza aprendan en la escuela cómo ser lesbianas.
Si no había dedicado mayor atención a este tema clave, puede deberse a muchas causas: prisas, superficialidad, y una intencionada manipulación -de la cual prefiero no hablar- por parte de aquellos que quieren arrancar el consenso social sin tomarse la molestia de al menos explicar a los ciudadanos lo que están firmando.
Esté usted de acuerdo o no (tiene derecho de disentir de las razones apuntadas), se aprueban leyes de las que las personas ni se enteran. Estamos dejando que alguien escriba la historia, nuestra historia, por nosotros.
Termino con una invitación, que espero sacuda las conciencias de quienes hayan perseverado en la lectura de estas líneas. No se trague todo lo que decimos los periodistas. Haga el esfuerzo de saber y criticar lo que se le propone. Es por su propio bien, y por el de sus hijos.
Autor: Jorge Segura
¿Pueden
los hombres convertirse en mujeres y las mujeres en hombres?
Gracias a la revolución científica, llegado el año 2000,
los hombres se pueden convertir en mujeres y las mujeres en hombres. Esto es
lo que significa la teoría del género tan usada en las conferencias
internacionales sobre la mujer de las Naciones Unidas. Mark Robinson, estudiante
de 15 años de una escuela pública en Massachusetts, opina que
cada quien es libre de elegir su sexo, y si tiene los medios, es también
libre de acudir a la ayuda médica que hoy ofrece estos servicios casi
milagrosos. Tal vez Mark habla así porque ha escuchado demasiado sobre
las teorías del género, en las que se sostiene que el sexo no
lo determina la biología ni la naturaleza, sino sólo la sociedad,
de tal modo que, si unos padres tratan a su hijo como hija, éste
(¿o ésta?) podrá convertirse con el tiempo, realmente en
una hija. Pero muy lejos de lo que las teorías pueden enseñar
a nuestros jóvenes, la experiencia y la realidad nos dicen lo contrario.
David Reimer no comparte la opinión de Mark Robinson. David habla de la propia experiencia porque él vivió en carne propia la enorme injusticia de ser privado de su identidad e individualidad. Todos recordarán su famoso caso, publicado en las primeras páginas del New York Times y de la revista Time en el año de 1972. David al nacer fue circuncidado y por un error del médico, fue privado de sus órganos genitales. La solución más simple y exitosa que se presentó fue la de cambiar su sexo: ya que no podía ser hombre, lo convertirían en mujer. El doctor Money que experimentó sobre David, sostenía la falsa teoría de que alrededor de los dos años es cuando se define el sexo de la persona. Este caso revolucionó al mundo y dio enorme fama al doctor Money que, poco después, publicó su libro Hombre y mujer, niño y niña, en el que documenta el éxito de su experimento. Sin embargo, el experimento poco tenía de exitoso, pues a pesar de los vestidos femeninos y de las largas sesiones psicológicas impartidas por el doctor Money, David, que en ese tiempo llevaba el nombre de Brenda, nunca dejó de sentirse varón. El auténtico infierno que vivió Brenda por más de catorce años, repercutía cada día más sobre toda su familia, que decidió contarle la verdad.
Al conocer la verdad, Brenda de inmediato decidió recuperar su identidad y fue entonces cuando cambió su nombre al de David. Se sometió nuevamente a operaciones y a intensos tratamientos de hormonas que le permitieron adaptarse a su verdadero sexo.
La opinión de David, de su familia, y de la mayoría de la gente con sentido común o con un poco de estudios, es que el sexo no puede determinarse por la cultura pasando por encima de la naturaleza misma de la persona. El doloroso caso de la familia Reimer confirma que los órganos genitales y unas cuantas hormonas no son lo único que define el sexo de una persona, y es igualmente falso que esta identidad sexual se determina alrededor de los dos años de edad del bebé.
Hoy, David Reimer está casado y vive en Canadá. Él sabe que en los Estados Unidos, uno de cada 2000 niños nace con anomalías genitales, y muchos de ellos son sometidos a operaciones de conversión sexual, motivadas todavía por las teorías del doctor Money. Por esta razón, ha querido dar a conocer su historia, pues sabe que podrá evitar que tantos niños como él se conviertan en nuevas víctimas de experimentos científicos, fruto de teorías erróneas y totalmente destructivas para la persona.
Defender
la dignidad de la persona es algo que todos queremos, pero tal vez estemos errando
el camino defendiéndola con prácticas y conceptos que contradicen
a la propia naturaleza, y que a la larga acabarán por dañar seria
y profundamente las vidas de tantos como David. Y es que no cabe la menor duda
de que la persona humana no se puede limitar a su físico. Detrás
de éste hay toda una compleja constitución genética, psicológica,
y anímica formada por millones de factores que lo constituyen, y que
lo definen como hombre o mujer. O, ¿Acaso una mujer a la que se le practica
una masectomía a raíz de un cáncer de pecho deja de ser
una mujer? La enorme confusión de la pelea de sexos se nos aclarará,
cuando logremos entender que el hombre y la mujer son distintos porque son complementarios,
y uno no puede sustituir al otro. Mientras lo entendemos, la naturaleza nos
seguirá gritando cada vez que intentemos contradecir su gran sabiduría
y sus leyes inmutables. Reducir a las personas a su mera sexualidad, es limitarlas
brutalmente a su condición animal, ignorando que también poseen
una psicología, un espíritu, y un derecho a ser felices y realizarse
siendo lo que son. La ciencia y la equivocada teoría del género
muy a menudo se olvidan de esto.
Agradecemos este aporte
a
Servicios en Español de Mujer Nueva
www.mujernueva.org
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